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La innegociable cruzada del actor James Woods contra un ‘tuitero’ muerto

La insólita y obsesiva historia de un famoso persiguiendo a un anónimo que le llamó "cocainómano"

James Woods
James Woods, en la presentación de la película 'Dulce persuasión' (2005) con las actrices Elisabeth Harnois (izq.) y Evan Rachel Wood. Cordon

El actor James Woods está enfadado. Mucho. El intérprete (nominado dos veces al Oscar, por Salvador y Fantasmas del pasado) está librando una lucha insólita en un campo de batalla llamado Twitter. El rifle lo empuña su bufete de abogados, y el enemigo es un usuario anónimo que insultó a Woods a través de la red social. El actor exige 9,5 millones de euros en compensación. En un perverso giro de los acontecimientos, de esos que sólo se le ocurrirían al guionista más salvaje de Hollywood, el tuitero falleció durante los prolegómenos del proceso. Cualquier otro retiraría la demanda, pero no James Woods. Él, agarró su móvil, abrió Twitter y escribió: "A ver si aprendéis. Difamadme, y os demandaré. Si morís, os seguiré hasta las entrañas del infierno. ¿Queda claro?". Este explosivo clímax comenzó, como las mayores tragedias, con un inofensivo intercambio de opiniones.

Todo empieza en julio de 2015, cuando James Woods criticó al programa de televisión USA Today por dedicarse a hablar del cambio de sexo del exatleta Bruce Jenner, actualmente Caitlyn Jenner. El actor, votante republicano, indicó que en vez de hablar de "la selección de vestuario de Bruce Jenner", podían hablar de, según él, las malas artes de una asociación estadounidense que no es de su gusto, Planned Parenthood (Panificación Familiar). 

Cuando falleció el 'tuitero', Woods clamó: "A ver si aprendéis. Difamadme, y os demandaré. Si morís, os seguiré hasta las entrañas del infierno. ¿Queda claro?"

El usuario de Twitter Abe List, arropado por un irresistible y ventajoso anonimato, le respondió llamándole "adicto a la cocaína", para después ampliar su descripción a "escoria", "ridículo" y "payaso". Todo usuario de Twitter sabrá que este tipo de descalificación es un martes por la mañana cualquiera en la red social. Pero Woods tenía el día libre y lo leyó, le denunció, y sentó en el estrado a un catedrático lingüista de la Universidad de Southern California que analizó que la sintaxis de los tuits de Abe List no sugería una hipérbole, sino una acusación literal de que el actor era cocainómano. Woods reclamó 9,5 millones y la publicación de la identidad real de Abe List. Twitter, por su parte, se lavó las manos y declinó desvelar los datos del usuario. A partir de ahí todo explotó

El abogado de Abe List se aferró a la Primera Enmienda, la que protege la libertad de expresión. El asunto era el siguiente: cómo demostrar que Woods es un consumidor de cocaína. Según el abogado de Abe List, Twitter es "un foro abierto donde los chascarrillos son la norma". Por otra parte, subrayó que el actor también entró al trapo de este juego de descalificaciones, participando de "el popular carácter de Twitter basado en la cultura de la hipérbole".

Para ilustrar su defensa, el abogado mostró varios tuits de James Woods en los que pedía a sus enemigos online que dejasen de fumar crack. El juez falló en favor de Woods, y aceptó la viabilidad de su demanda. Pero Abe List, cuya identidad permanece anónima a día de hoy, falleció en circunstancias no desveladas. ¿Cuál fue la reacción de Woods? Alegrarse de que el caso pudiese seguir adelante, y expresar su deseo de que "ese canalla muriese gritando mi nombre".

En la serie 'Padre de familia' aparece James Woods (izquierda). El actor presta su voz al dibujo animado.
En la serie 'Padre de familia' aparece James Woods (izquierda). El actor presta su voz al dibujo animado. Cordon

Tras la muerte de su cliente, el abogado retiró la apelación. Pero Woods no iba a dejarlo estar. En noviembre de 2016 el actor presentó una moción para que se desvele la identidad del tuitero. Hace un par de semanas el juez (aunque mostró sus reservas ante la persecución mediática que este caso lanzará contra la familia del difunto) ordenó al abogado que efectivamente publicase el nombre del fallecido. Todavía no se ha hecho público el nombre, pero eso poco importa ya. Fallecido el tuitero, el drama lo tiene ahora su familia, que se tendría que hacer cargo del pago de 9,5 millones si es que Woods gana. 

En un comunicado, el abogado insistió en que las redes sociales existen "no sólo para que los ricos y poderosos vapuleen a la gente, sino para que todos los usuarios se expresen, a menudo de forma extravagante, sin temor a ser arrastrados hacia una litigación costosa y estresante". También lamentó que en el mundo actual "los famosos, incluyendo al señor Woods, puedan destruir las vidas de individuos incitando a sus seguidores a atacarlos".

El abogado español Daniel Santos, socio del bufete especializado en delitos informáticos Santos y asociados, considera que el tuit en cuestión es una intromisión ilegítima del derecho al honor: una acusación de actividades nocivas. "El delito, en este caso, es la mentira. Si el acusado pudiera demostrar que James Woods es cocainómano, quedaría exento de responsabilidad. En España, si fuese culpable la indemnización estaría entre los 6.000 y los 12.000 euros, dependiendo de si la acusación se vierte en un foro público o privado, y si el tuit incluye publicidad o no", explica Santos.

En los años ochenta y noventa, Woods se especializó en interpretar a tipos duros. Como en 'Cop, con la ley o sin ella' (1988).
En los años ochenta y noventa, Woods se especializó en interpretar a tipos duros. Como en 'Cop, con la ley o sin ella' (1988). Cordon

Según este especialista, las denuncias por insultos en redes sociales han aumentado vertiginosamente durante los últimos años en nuestro país. "Cuando te insultan debes reaccionar rápido, e ir a un notario que acredite que el tuit es cierto", indica. "Con esa acta notarial, se pone la denuncia. Pero primero hay que asegurar esa prueba. A continuación, un juez estimará si el insulto es una intromisión al honor, una calumnia (acusar a alguien de un delito, como por ejemplo decir que es un maltratador o un narcotraficante), o una injuria (un insulto grave). En estos dos últimos casos sí hay pena de prisión, que va de los seis meses a los dos años". Las personas anónimas están más protegidas por la ley, ya que, tal y como explica Daniel Santos, "se considera que los famosos en cierto modo se han expuesto, así que su intimidad no tiene la misma protección. Su intimidad es menos valorada. Pero la gente anónima denuncia, y cada vez más".

James Woods considera que, ahora que está muerto, Abe List no ostenta derecho alguno a la privacidad. "En los litigios sobre la libertad de expresión, a veces ganan los malos", escribió el abogado de Abe List. Y añadió: "Me siento orgulloso de haber representado a Abe List y de haberme enfrentado a James Woods, un tipo que es capaz de escribir injurias, pero no de soportar recibirlas". Los abogados del actor, en cambio, consideran la decisión judicial "un significativo paso adelante en nuestra capacidad para recuperar los millones en perjuicios que ese cobarde tuit causó. También manda un mensaje a todos esos que creen que pueden esconderse detrás del anonimato de las redes sociales para difamar a figuras públicas de comportamientos atroces sin sufrir las consecuencias".

Fallecido el 'tuitero', el drama lo tiene ahora su familia, que se tendría que hacer cargo del pago de 9,5 millones si es que Woods gana

Mientras el proceso continúa, Woods sigue trabajando. En estos momentos está a punto de rodar una serie donde hace de un policía veterano y duro. Aunque estuvo casado dos veces, el actor no tiene hijos. Su novia actual es Kirsten Bauguess, de 23 años. 46 menos que él.

La hipotética victoria del actor podría sentar un precedente, que regularía el abismal vacío legal que aún engulle a la recién nacida Internet. Estrellas como Sienna Miller o Amy Winehouse consiguieron en 2009 que la ley prohibiese a los paparazis fotografiarles sin su consentimiento, y desde entonces varios famosos han imitado esta petición. James Woods clama justicia. Y nada va a detenerle. Ni siquiera los portones custodiados por el cancerbero. Si el infierno existe, todo apunta a que James Woods y Abe List van a pasarse la eternidad aullándose injurias, difamaciones, calumnias e intromisiones el uno al otro. Y todo empezó con un tuit...

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