El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El matrimonio infantil vuelve a Europa

Alemania debate si debe considerar válidos los matrimonios de 1.450 menores refugiados o inmigrantes que ya están casados

Niñas afganas en un campamento tutelado por Naciones Unidas en Kabul.
Niñas afganas en un campamento tutelado por Naciones Unidas en Kabul. HAWAD JALALI /EFE

La llegada de casi un millón de refugiados a Alemania en 2015 supuso un choque desde el punto de vista político y logístico. Con el tiempo se ha visto que también plantea problemas culturales y legales. Cuando millones de personas se mueven a la vez huyendo de una situación de guerra y violencia extrema, no solo llevan consigo una carga de dolor y miedo. También llevan consigo una cultura y unas formas de vida que no siempre encajan con las del país de acogida. Una de ellas es el matrimonio forzado de niñas y adolescentes. Las precarias condiciones de vida en los campamentos de refugiados han favorecido estas prácticas, por otra parte muy frecuentes tanto en Siria como en el resto de países de procedencia. Casar a las niñas supone una boca menos que alimentar. Así de crudo. Pero ¿qué ocurre cuando esas niñas (y a veces niños) casados por la fuerza llegan a un país que establece una edad mínima para contraer matrimonio? ¿Sigue siendo válido ese matrimonio?

Alemania sostiene estos días una intensa polémica a propósito de una niña siria de 14 años casada con un primo suyo 6 años mayor. Un juzgado de Aschaffenburg dictaminó que el matrimonio no era válido porque no cumplía los requisitos de edad que establece la ley alemana. Pero la familia recurrió y la instancia superior estableció que era válido porque la niña tenía capacidad de decidir con quién quería vivir. Estas dos sentencias contradictorias sobre un mismo caso indican la dificultad de resolver una situación importada que resulta extraña y que muchos consideran que no se debe tolerar porque representa un retroceso.

En principio, en el país de acogida debe regir la normativa de ese país sin excepciones. Por tanto, por mucho que la familia lo consienta, ninguna niña refugiada ni de origen inmigrante puede contraer matrimonio en Alemania hasta que no cumpla 18 años. Pero en julio pasado las autoridades habían registrado 1.475 menores ya casados, de los cuales 361 tenían menos de 14 años. En puridad, esos matrimonios no cumplen los requisitos legales. Pero ante el hecho consumado, ¿deben anularse? ¿Debe prohibirse la convivencia? ¿Y qué ocurrirá con esas niñas y adolescentes que ya son madres? El ministro socialdemócrata de Justicia propuso una ley que dejaba en manos del juez anular solo aquellos matrimonios que perjudican al menor. Pero la mayoría democratacristiana ha impuesto que se declaren no válidos todos y en toda circunstancia.

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La prohibición del matrimonio infantil tiene como misión proteger a las menores. Proteger su libertad para poder elegir marido, pero también para poder estudiar y decidir la vida que quieren llevar. Los informes de Unicef demuestran que el matrimonio forzado es muchas veces un pasaporte a la pobreza, la discriminación y los malos tratos. Y también al abuso sexual. En los campos de refugiados de Líbano se ha visto que hombres de negocio musulmanes conciertan matrimonios con niñas de los campamentos a cambio de 1.500 o 2.000 euros y las abandonan después de tener sexo con ellas durante unas semanas.

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