Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

ONU: ¿acercarnos al paraíso?

Hay que garantizar la sostenibilidad social, económica y ambiental de la sociedad internacional desarrollando los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los Acuerdos del Clima

António Guterres, secretario general de la ONU
António Guterres, secretario general de la ONU EFE

Dag Hammarskjöld, de inconfundible nombre sueco, pacifista, fue secretario general de las jóvenes Naciones Unidas entre 1953 y 1961. Falleció en septiembre de 1961 al estrellarse su avión cuando sobrevolaba la entonces Federación de Rodesia y Niasalandia. Iba en son de paz y mediación al entonces Congo belga en relación con el intento secesionista de la provincia de Katanga. Se especuló en la época si su muerte se debió a accidente o sabotaje.

Dag era un apasionado y entusiasta defensor de los valores, principios y fines de la organización, de su compromiso por la paz y seguridad internacionales. Ya en su época existían críticos y escépticos de la misma. Acuñó entonces una frase que ha hecho historia: "Las Naciones Unidas no fueron creadas para traernos el paraíso sino para alejarnos del infierno". Décadas después cobra actualidad y contribuye a refutar las críticas: excesiva burocracia, ineficiencia, dispendio... irrelevancia. Se sobredimensionan los escándalos de corrupción, los abusos sexuales cometidos por miembros de las fuerzas de paz. Algo, por supuesto, intolerable, pero la propia organización ha tomado cartas en el asunto para castigar a los culpables e iniciado un procedimiento para que resulte difícil que tales actuaciones puedan llevarse a cabo. Hay que señalar que desde 1948 la ONU ha protagonizado 71 operaciones de paz en diversos lugares del planeta que han salvado numerosas vidas y estabilizado situaciones que llevaban al caos humanitario.

Otro nórdico, el noruego Trygve Lie, primer secretario general (1946-1952), es autor de una frase que también se recuerda a menudo: "El trabajo del secretario general de la ONU es el más difícil del mundo". Frase que el recién designado nuevo secretario general, António Guterres, no ignora. Tampoco lo que implica. Tarea difícil sí, pero imprescindible. Y loable. En la denominada Cumbre del Milenio (2000) los líderes mundiales asumieron el compromiso de "no escatimar esfuerzos para liberar a nuestros semejantes... de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema". La ONU se sustenta en tres pilares clave: paz y seguridad internacionales, derechos humanos y desarrollo, cimientos del bienestar colectivo. El compromiso asumido en dicha cumbre no se logrará si esos tres pilares, íntimamente relacionados, no son impulsados, algo a lo que el nuevo secretario general debe dedicar máximo esfuerzo. Hay que garantizar la sostenibilidad social, económica y ambiental de la sociedad internacional, conseguible unicamente implementando los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los parisinos Acuerdos del Clima.

Muchos Estados continúan sin adherirse a tratados internacionales básicos sobre la protección de las poblaciones y algunos que sí los han firmado incumplen sus obligaciones

De no ser así, a los 22 millones de refugiados y 41 millones de desplazados de hoy en día, se unirán muchos millones más de refugiados "ambientales" (provenientes de las áreas afectadas por el cambio climático) y aquellos en fuga de las dramáticas condiciones en Oriente Próximo, África y Asia. Sobre esto Guterres deberá acometer sin dilación conversaciones con la industria, instituciones financieras y sociedad civil. Y deberá convencer a los miembros permanentes (P5) del Consejo de Seguridad para que se unan a la empresa. Solo una acción coordinada podrá evitar que las agencias humanitarias onusianas resulten desbordadas.

Sin duda, empresa difícil, no solo por lo que respecta a poner de acuerdo al P5, sino asimismo por el desolador panorama imperante en relación con uno de los capítulos estrella de la obra onusiana, la Responsabilidad de Proteger. Institucionalizada en 2005 persigue combatir el genocidio, la depuración étnica y los crímenes de guerra y de lesa humanidad, lacras causantes de emigraciones masivas. En este sentido es desesperanzador el alarmante desprecio de los principios fundamentales del derecho internacional. A menudo las dos partes en un conflicto conscientemente conculcan el derecho internacional humanitario. Muchos Estados continúan sin adherirse a tratados internacionales básicos sobre la protección de las poblaciones y algunos que sí los han firmado y ratificado incumplen sus obligaciones. Por otro lado, los Estados partes del Estatuto de Roma no cooperan plenamente con el Tribunal Penal Internacional y, por si fuera poco, el Consejo de Seguridad se muestra cada vez más reacio a remitir actuaciones a dicho órgano.

El documento final de la cumbre de 2005 afirmó: "Reconocemos que los acontecimientos actuales exigen que construyamos urgentemente un consenso sobre desafíos y amenazas graves. Nos comprometemos a traducir ese consenso en acciones concretas...".

Una década después la situación es mucho más grave. Vivimos un período de tensión ciertamente preocupante (ISIS, Siria, Rusia versus Occidente...). La búsqueda de ese consenso es tarea urgente del nuevo secretario general, quien, además, habrá de propiciar una revolución (al menos un enérgica sacudida) moral conjunta ONU/gobiernos para detener la degradación de la sociedad internacional.

Emilio Menéndez del Valle es embajador de España.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.