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Raúl Arévalo & Beatriz Bodegas, cuando el debutante encontró productora

Raúl Arévalo y Beatriz Bodegas, director y productora de la película Tarde para la ira.

ERASE UNA VEZ un joven actor madrileño al que muchos directores querían fichar: Almodóvar, Sánchez Arévalo y Alberto Rodríguez lo lograron. El intérprete ganó pronto un Goya y fue nominado para otros cuatro, pero le quedaba un sueño por cumplir: desde niño acariciaba la idea de ponerse detrás de la cámara, y para eso había escrito un guion con un amigo psicólogo, David Pulido. Empezó a mostrárselo a los productores españoles, pero estos dudaban.

Transcurrieron ocho años… hasta que, hace tres, Raúl fue contratado para protagonizar La vida inesperada, dirigida por Jorge Torregrossa. En los ensayos, se atrevió, una vez más, a ofrecer su guion a la productora del filme, Beatriz Bodegas, una de las pocas mujeres dedicadas a levantar proyectos cinematográficos en España. Beatriz vio claro que allí había un peliculón. Y, brava, le dio el sí a Raúl.

La prensa califica la película como la sorpresa de la temporada y en el mundillo del cine se da por seguro que Arévalo ganará su segundo Goya.

En verano de 2015 filmaron bajo un calor inclemente en barrios periféricos de Madrid y le cambiaron el título inicial por Tarde para la ira. La prensa califica la película como la sorpresa de la temporada y en el mundillo del cine se da por seguro que Arévalo ganará su segundo Goya, esta vez como director novel. El filme, que lleva recaudado casi un millón de euros en España, se acaba de exhibir en dos de los festivales más importantes del mundo: Venecia y Toronto. Todo ello no hubiera sido posible si Raúl no se hubiera topado con Bea, su “hada madrina”, como él la define.

La pareja se reúne en un bar madrileño, similar al que el padre de Arévalo regentó durante décadas y donde el niño Raúl escuchó historias que le inspiraron ese guion que ha eclosionado en potente filme. “Según él me contaba la película, fui a por ella porque me encantó”, recuerda Beatriz. “Ella me entendía: compartíamos gusto estético, formal y dramatúrgico. Bea ha sido la productora que soñaba: me ha cuidado y dado libertad”, concluye Raúl. “Teníamos química. Ahora queda la parte más bonita: disfrutar después de tres años trabajando”, concluye sonriente la productora.