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Resignación socialista

El PSOE debe superar el abatimiento y pensar en el futuro

El presidente del Principado y de la gestora del PSOE, Javier Fernández.rn
El presidente del Principado y de la gestora del PSOE, Javier Fernández. EFE

Un clima de distensión se extiende entre la ciudadanía a medida que se aleja la perspectiva de las terceras elecciones y se acerca una posible investidura de Mariano Rajoy. Sin embargo, el coste de este cambio recae en el PSOE, cuyos votantes se revelan divididos ante la eventualidad de abstenerse y dejar paso libre hacia el gobierno al Partido Popular.

El desgarro en las filas socialistas queda en evidencia en el sondeo de Metroscopia publicado hoy en EL PAÍS: aunque el 49% de los votantes socialistas desearían evitar un Gobierno de Mariano Rajoy, un número algo mayor (56%) considera que la abstención en la investidura y el paso a la oposición conviene más al PSOE.

No se equivocan los votantes socialistas al reafirmarse ideológicamente en el no a Rajoy y a la vez rechazar regresar a las urnas. Según el citado sondeo, unas nuevas elecciones no solo beneficiarían al PP, que volvería a ver incrementados sus votos, sino que perjudicaría doblemente al PSOE: no sólo vería distanciarse aún más a los populares sino que también enfrentaría el golpe psicológico de que un posible “sorpasso” por parte de Podemos le colocara como tercera fuerza política y redujera aún más sus posibilidades de volver a ser pronto la principal alternativa de gobierno al Partido Popular.

Poco hay en esta fotografía del momento político que resulte sorprendente. Al contrario, el sondeo confirma las principales hipótesis en las que se han asentado las estrategias de los principales actores políticos desde el 26-J. Mientras, incomprensiblemente para muchos, Mariano Rajoy y los populares parezcan estar dando por amortizados la suma de escándalos de corrupción y políticas de recortes de derechos que han presidido su acción de gobierno, ni los socialistas son capaces de convertirse en alternativa ni las fuerzas de izquierda, divididas, parecen capaces de imponerse, ni en votos ni en escaños, al centro-derecha.

Es en estas circunstancias, en las que las urnas no despejarían los problemas del PSOE, sino que los agravarían, en las que cobra sentido el rumbo que está imprimiendo Javier Fernández al frente de la gestora del PSOE, que se desvela positiva para el 45% de los votantes socialistas frente a un 29% de opiniones negativas. Toca a esa gestora y a los demás líderes del PSOE, además de explicar a sus militantes la inevitabilidad de una abstención en la investidura si se quiere evitar unas elecciones que debiliten aún más al partido, el comenzar a pensar de qué manera podrá el PSOE, una vez en la oposición, convertir su fuerza parlamentaria en un instrumento eficaz para cambiar el sentido de las principales políticas impuestas por el PP en estos años pasados. Frente al abatimiento que domina el ánimo socialista, hay que recordar que un futuro gobierno de Mariano Rajoy, al estar en minoría parlamentaria, nada tendrá que ver con el visto hasta la fecha, y que en un Parlamento como el surgido del 26-J, no solo existirán múltiples posibilidades para articular una oposición exitosa sino que todas ellas pasarán necesariamente por el concurso parlamentario del PSOE, que será decisivo.

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