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Cartas al director

Era un niño a un móvil pegado

Por desgracia, muchos niños no conocen ya qué significa jugar con otros niños, descubrir las maravillas de la naturaleza, dibujar, leer libros o practicar deporte en su tiempo libre. Su entretenimiento lo monopoliza este imprescindible artilugio llamado teléfono móvil que no solo es parte integrante de sus vidas, sino casi un apéndice más de sus cuerpos en formación. La vida tras el plasma de las atractivas pantallitas les impide con demasiada frecuencia advertir que existen otras realidades mucho más interesantes e intensas que las virtuales. Sin darse cuenta pierden parte de su infancia y adolescencia encerrados en esa extraña biosfera virtual que les proporcionan los pocos centímetros cuadrados de sus inalámbricos, lo que con demasiada frecuencia y de forma inconsciente se convierte en una verdadera cárcel que les aísla del mundo. La “desmovilización”, al menos parcial, de muchos niños y adolescentes debería prescribirse por razones tanto físicas como psíquicas, máxime en aquellos casos en que el abuso del susodicho artilugio es de tal grado que invita a copiar la famosa hipérbole de Quevedo “era un hombre a una nariz pegada” adaptándola a estos nuevos tiempos.— Martí Gassiot Garriga. Barcelona.

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