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Así es vivir con un niño con TDAH

Simone Biles padece Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad como el 6% de la población infantil. David es uno de ellos

Los niños con TDAH pueden tener problemas de socialización.

Simone Biles, ganadora de cuatro medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos de Río 2016, ha declarado que tiene Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), y que se medica. Esto ha supuesto que algunas voces alertasen de que podía considerarse dopaje, aunque según las principales federaciones deportivas de Estados Unidos, la atleta estadounidense no ha cometido ninguna infracción.  

El TDAH afecta a cerca del 6% de la población infantil (a los adultos también, pero no se manifiesta de forma tan evidente) y sus síntomas son la hiperactividad, la impulsividad y la falta de capacidad para mantener la atención. David es uno de esos niños. Tiene casi 14 años, pero lleva conviviendo con el TDAH desde los seis. Aunque según Victoria, su madre (y mi hermana), ya sabía que le pasaba algo desde los tres años: "Era muy impulsivo, no era normal". Sin embargo, conseguir ponerle nombre a lo que le ocurría no fue fácil. "En verano de 2008 fue cuando definitivamente obtuvimos el diagnóstico y comenzamos con el tratamiento. Aunque yo ya llevaba a David al psiquiatra desde los cuatro años", añade.

"En el caso de David hay más hiperactividad que déficit de atención. Hay casos en los que es al revés: hay más déficit de atención que hiperactividad. Por otro lado, otros niños lo tienen repartido al 50%. Y en otros casos, encontramos que solo hay déficit de atención, lo que se conoce como TDA", nos cuenta Victoria. "El problema es que cuando es solo TDA es más difícil de diagnosticar. El niño pasa desapercibido en clase, parece que presta atención, pero no lo hace. Conozco casos de niños solo con TDA que han sido diagnosticados a los 13 años", explica. 

Como en la mayoría de trastornos, cuanto antes se diagnostica, mejor se adapta el niño (y los padres) a su nueva situación, y antes se nota mejoría. David comenzó el tratamiento el verano antes de comenzar Primaria. Son ocho años de visitas al médico cada mes y medio, y de tratamiento con metilfenidato, el compuesto químico de la medicación para el TDAH. "David comenzó tomando Rubifen, que tenía un efecto de cuatro horas, pero después de un tiempo le prescribieron Concerta, que es lo que llaman una pastilla inteligente, ya que durante las 12 horas que dura va liberando el compuesto en función de lo que necesita el niño", explica Victoria. 

¿Y en el colegio? "Nosotros en general no tenemos quejas", cuenta la madre de David. "Hemos tenido profesores que se han implicado más que otros, pero a David le ha ido bastante bien. Cuando era más pequeño, en tercero de Infantil, y después en primero de Primaria, los profesores le mandaban a hacer recados para mantenerle entretenido. Él entre cuatro paredes no podía estar quieto y esta era una forma de que liberara parte de su energía extra", añade. 

Pero la vida con un niño con este trastorno no es sencilla. Ni para los padres, ni para sus hijos. Hay días que desde que se levantan hasta que se acuestan, todo lo que se encuentran son problemas. Desde el padre que les regaña porque tardan mucho en vestirse, pasando porque en el colegio les castigan por dejarse la tarea en casa, y terminando con problemas de socialización en el colegio. "Son niños que tienen el sanbenito de que son malos. Son muy impulsivos, y si un compañero se mete con ellos, enseguida responden y entran al trapo. Esto hace que, en muchas ocasiones, les cueste hacer amigos", nos cuenta Victoria.  

Hacer la tarea también es un esfuerzo titánico. Aunque depende de nivel de TDAH que tenga el niño, y de lo pesados que se pongan los padres. En el caso de David, Victoria cree que si ha ido sacando el curso con cierta holgura (ha acabado 2º de la ESO con una media de notable) es porque ellos "han sido muy pesados". "Hasta 6º de Primaria yo me sentaba todas las tardes con él a hacer los deberes. Le costaba mucho concentrarse y estar a su lado evitaba que se distrajera con facilidad", explica. Cualquier excusa es buena. Yo, como su tía (y su profesora particular durante años) doy fe de ello: 'quiero agua', 'quiero ir al baño' o 'me falta un cuaderno' eran frases habituales antes de empezar a estudiar.

Por suerte, en ocho años han cambiado muchas cosas. David ahora ya no es un niño con TDAH, sino un adolescente. Desde hace un par de años es el responsable de tomarse la medicación por las mañanas; se arregla en un tiempo prudencial antes de ir al colegio y se organiza la tarea y los exámenes con relativa facilidad. "Siempre tienes que estar encima de él, pero con los años vas notando mejoría", afirma Victoria. Este verano, de hecho, David ha tenido un descanso de la medicación, recomendado por su psiquiatra, y ha ido bastante bien. "Los primeros dos o tres días fueron los peores, pero luego la situación se normalizó", aclara su madre. "¿Y cuando acabaron las vacaciones?", le pregunto. "Lo primero que me dijo fue 'mamá, la pastilla'. Él es consciente de que aún la necesita, y seguramente la necesitará mientras estudie. Necesita esa ayuda para concentrarse", concluye. 

Volviendo a la polémica con Simone Biles, Victoria cree que una acusación de dopaje no tiene fundamento: "David juega al baloncesto, y siempre ha dicho que si no se toma la pastilla juega mucho mejor. Tiene más energía". Quizá lo que nos falta es un poco más de concienciación. Saber lo que es el TDAH, cuáles son sus síntomas, y dejar de ver a estos niños como "maleducados". 

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