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La sanidad de York discrimina a obesos y fumadores

La respuesta a los problemas financieros del sistema sanitario no puede consistir en castigar a determinados pacientes por su peso o sus hábitos

Personas con un índice de masa corporal superior a 30.
Personas con un índice de masa corporal superior a 30.

La amenaza de restricciones en la asistencia sanitaria para obesos y fumadores se había planteado en Reino Unido otras veces, pero nunca había pasado de ser un globo sonda. Ahora se ha convertido en una polémica decisión. La entidad que gestiona la sanidad pública del Valle de York ha establecido que los hospitales con problemas de liquidez podrán denegar operaciones no urgentes a pacientes obesos y fumadores. En el caso de los primeros, la operación se pospondrá un año para que traten de reducir su índice de masa corporal por debajo de 30, y en el de los adictos al tabaco, seis meses.

La medida ha provocado un gran revuelo. En una primera explicación, parecía que el motivo fuera mejorar la salud de los pacientes y evitarles riesgos, aunque por un procedimiento un tanto coercitivo. Ciertamente, una intervención quirúrgica tiene mayor probabilidad de complicaciones en personas obesas o con problemas respiratorios. Pero muy pronto se ha reconocido la verdadera razón: ahorrar costes. Los gestores de la sanidad de York han reconocido, sin tapujos ni cataplasmas, que la decisión se ha adoptado porque es “la mejor manera de lograr el máximo rendimiento de los limitados recursos disponibles”. Y el director de Proveedores del Servicio Nacional de Salud (NHS), Chris Hopson, lo ha validado afirmando que “es la única forma de que los proveedores puedan equilibrar sus cuentas. Deberíamos aplaudir su honestidad”.

¿Honestidad? Es una forma implícita de reconocer que otros gestores aplican restricciones pero no lo dicen. Y así parece ser. Ahora se ha sabido que un tercio de los proveedores locales de servicios sanitarios aplican ya restricciones en el acceso a la cirugía por razones económicas. En diciembre de 2012 una encuesta del Macmillan Cancer Support reveló que un 67% de los oncólogos y profesionales sanitarios consultados conocían casos de pacientes a los que se les había denegado un tratamiento por tener una edad avanzada, es decir, fármacos que podrían beneficiarles y que se administran a personas más jóvenes en la misma situación.

Hacer pagar a unos pacientes determinados los problemas de financiación del NHS no solo es injusto sino de dudosa eficacia. Aparte de hacerles sufrir, no operarles puede agravar su estado y acabar gastando mucho más. La respuesta a los problemas de financiación del sistema sanitario no puede ser la discriminación de algunos pacientes por su peso o por sus hábitos. Una cosa es prevenir la enfermedad fomentando hábitos saludables, y otra muy distinta culpabilizar a los pacientes y penalizarles por su mala salud... con más dolor y más enfermedad.

No parece tener mucho sentido castigar a los fumadores y a los obesos y dejar que se siga vendiendo tabaco y comida basura. Además, no siempre la obesidad se debe a los malos hábitos. La genética también cuenta, y mucho. De momento, el NHS ha pedido tiempo para analizar las consecuencias y abrir un debate a nivel nacional. Pero el hecho de que se abra un debate ya implica que se acepta como una opción a considerar. Mal asunto.

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