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A Rajoy ni se le espera

Nuestro Mariano es el eterno ausente, cuando le invitan no va y cuando debiera ir no le invitan

Mariano Rajoy acompañado de José Benito Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín, recorriendo este verano la Ruta da Pedra e da Auga en Ribadumia ( Pontevedra).
Mariano Rajoy acompañado de José Benito Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín, recorriendo este verano la Ruta da Pedra e da Auga en Ribadumia ( Pontevedra). EFE

Rajoy ni está ni se le espera (en el mundo). Y no solo porque el buen hombre sea un políglota más bien discreto, que también, sino porque cuando le invitan no va y cuando debiera ir no le invitan. Esté o no en funciones, que eso para nada cambia más que la coartada.

Así que la emoción por su probable asistencia a la cumbre de los sureños europeos, en Atenas, el próximo 9 de septiembre —convocada, ay, por Alexis Tsipras—, alcanza dimensiones planetarias. Porque nuestro mandatario no participó el 29 de septiembre de 2015 en la cumbre antiterrorista de Nueva York convocada por Barack Obama: andaba inaugurando el AVE Valladolid-León y le tuvo que reemplazar el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que este sí sabe inglés, y latín.

Y tampoco acudió el 1 de abril a Washington, a la cuarta Cumbre de Seguridad Nuclear y Terrorismo, donde sí se personaron 50 líderes mundiales. Repitió Margallo. De modo que no le invitaron a la cumbre euronorteamericana convocada por la canciller Angela Merkel en Hannover el 24 de abril, donde sí estuvieron los primeros espadas de Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia. Lástima; habría podido escuchar el mejor discurso europeísta de Obama.

Tampoco reparó en él su madrina Merkel cuando el 27 de junio citó en Berlín a François Hollande y Matteo Renzi para pensar juntos sobre el reciente referéndum del Brexit. Ni lo hizo Renzi al reeditar esa tenida de triunviros hace una semana en el portaaviones Garibaldi, junto a la isla de Ventotene, desde cuya prisión mussoliniana redactó el gran Altiero Spinelli su legendario manifiesto europeísta en 1941.

Ojalá nuestro Mariano acuda a Atenas, aunque siga en funciones, y aunque pueda resultar un cónclave de segunda fila. Y ojalá que los sureños aborden ahí, como está previsto, la espantada británica y no pretendan balizar un frente de deudores que consagrase una (nefasta) línea de fractura Norte-Sur.

Pero si no le volviesen a invitar a ninguna reunión fetén, que imite a Wim Kok. El entonces primer ministro holandés se presentó, en calidad de autoinvitado, a la cumbre europea restringida sobre Afganistán que Tony Blair convocó el 4 de mayo de 2001 en Londres. Pero, claro, Kok sí habla inglés. Y quería estar. Ser.

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