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Cómo el mismo médico al que Guardiola humilló consiguió salvar a Bolt

Doctor cuestionado y excéntrico, Guardiola provocó su dimisión tras 37 años en el Bayern. Ahora, el médico saca pecho después de sanar 'in extremis' a Usain para triunfar en Río

El doctor Hans-Wilhelm Mueller-Wohlfahrt y su mujer, Karin, seguidos por los fotógrafos a su llegada al Festival de Regensburg (Alemania), en 2009.
El doctor Hans-Wilhelm Mueller-Wohlfahrt y su mujer, Karin, seguidos por los fotógrafos a su llegada al Festival de Regensburg (Alemania), en 2009. Getty

La historia da para una estupenda serie de culto. Un drama deportivo, médico y mediático, a medio camino entre The Knick, Friday night lights y Ray Donovan. La protagonizaría un veterano profesional de la medicina, un genio heterodoxo y excéntrico que lleva más de tres decenios trabajando para un gran club de fútbol europeo. En el primer capítulo, irrumpe un recién llegado, un joven entrenador de inmenso prestigio, que se enfrenta al médico, cuestiona sus métodos y acaba forzando su renuncia. La redención final llega de la mano de un atleta caribeño con problemas físicos que el doctor resuelve de manera milagrosa, aplicando contra el reloj un tratamiento experimental que permite al deportista recuperarse a tiempo para ponerle el broche de oro a su formidable carrera en los Juegos de Río.

Los tres protagonistas de esa historia de caída y auge basada en hechos reales, el doctor, el entrenador y el atleta, son Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt (también conocido por sus iniciales, HWMW), Josep Guardiola y Usain Bolt. Es decir, el hombre que fue responsable durante 37 años de los servicios médicos del Bayern de Múnich, el entrenador que le responsabilizó de la insólita plaga de lesiones que sufrió el equipo entre 2014 y los primeros meses de 2015, y la leyenda del atletismo que se puso en manos del galeno genial para que le ayudase a seguir haciendo historia del deporte.

Esta vez no ha trascendido qué revolucionaria técnica aplicó el doctor alemán para la agónica puesta a punto del muslo del jamaicano. Bolt habla de “las manos mágicas de un hombre sabio”. Guardiola no está de acuerdo

A mediados de junio todo parecía perdido. Usain Bolt sufría un persistente dolor en el muslo, consecuencia, según los médicos, de un bloqueo en la articulación sacroilíaca. Eso le impedía moverse con naturalidad y le creaba una persistente presión en rodilla y tobillo. Las molestias no habían remitido con un tratamiento conservador. Bolt llevaba varias semanas descansando en sus residencias de Kingston y Londres, recibiendo masajes en la articulación dañada, correteando descalzo por la hierba, rezándole a los dioses del deporte. El atleta jamaicano corría serio riesgo de no poder participar en sus terceros Juegos Olímpicos, los de Río de Janeiro.

Pocos días después, la federación jamaicana confirmaba la inscripción de Bolt en las pruebas de 100, 200 y 4x100 relevos de los Juegos Olímpicos de Río. Uno de los principales rivales del caribeño, el veterano velocista norteamericano Justin Gatlin se apresuraba a declarar: “Bolt estará en Río, no me cabe la menor duda. Ya hemos vivido este culebrón antes. Se lesiona a falta de pocos días para un Mundial o una Olimpiada pero al final acaba participando. Y gana, claro”.

Enzarzado de nuevo en el culebrón de todos los veranos, Bolt, un hombre de talento excepcional y genética privilegiada pero muy propenso a sufrir lesiones musculares, se puso de nuevo en manos del doctor alemán que lleva tratándole desde que tenía 16 años. Esta vez, no ha trascendido qué revolucionaria técnica aplicó HWMW para la agónica puesta a punto del muslo del jamaicano. Bolt habla de “las manos mágicas de un hombre sabio”.

Fue el médico del Bayern durante 37 años. Hasta que llegó Pep. Aquí habla con Javi Martínez durante la final de la Supercopa entre el Bayern y el Chelsea, en 2013.
Fue el médico del Bayern durante 37 años. Hasta que llegó Pep. Aquí habla con Javi Martínez durante la final de la Supercopa entre el Bayern y el Chelsea, en 2013. Getty

Pero si algo ha hecho célebre a Müller-Wohlfahrt es el uso casi sistemático de técnicas experimentales como las infiltraciones de ácido hialurónico (utilizado como tratamiento contra la artritis reumatoide) o inyecciones de extracto de miel e incluso sangre de ternera y cabra. Todo, combinado con el uso de un arsenal homeopático cuya eficacia cuestionan muchos especialistas, lo que el jugador de fútbol Franck Ribéry, paciente de HWMW, llama “los potingues del buen doctor”.

La manzana de la discordia entre Josep Guardiola y HWMW no fueron ni el ácido hialurónico ni las inyecciones de sangre de cabra. Fue la rodilla de Thiago Alcántara. La primera vez que el joven jugador hispano-brasileño se lesionó de gravedad, Guardiola, que hasta entonces parecía tener una magnífica opinión del jefe de los servicios médicos del Bayern, cuya trayectoria como "doctor milagro" conocía de sobras, insistió en que fuese tratado en Barcelona por el doctor Ramon Cugat.

Alcántara recibió inyecciones de cortisona, un tratamiento conservador que, en apariencia, dio buenos resultados. Sin embargo, cuando el menudo y talentoso centrocampista sufrió dos recaídas casi inmediatas, a cuál más grave, Guardiola se vio obligado a reconocer en público que la decisión de tratarle en Barcelona y no dejarle en manos del equipo de HWMW había sido suya, de nadie más, y se había revelado como un error.

El momento en el que Guardiola aplaude irónicamente (y muy enfadado) al doctor Hans-Wilhelm.

Este primer desencuentro, agravado por la negativa del prestigioso médico a estar presente en la ciudad deportiva del club (los jugadores con problemas físicos eran los que se debían desplazarse su consulta, en el centro de Munich, algo que Guardiola nunca entendió), acabó convirtiéndose en un guerra larvada pero sin cuartel.

El par de batallas decisivas se disputaron en abril de 2015. La primera, en Oporto, en la ida de los cuartos de final de la Champions League. Ese día, el Bayern de Múnich se presentó en la ciudad del norte de Portugal con ocho bajas por lesión, desplegó su habitual fútbol preciosista y de alta escuela y fue fulminado al contraataque. 3 a 1. Una derrota difícil de digerir y que Guardiola, en un rueda de prensa rica en cargas de profundidad, pareció atribuir a las más de 30 lesiones de gravedad que la plantilla había sufrido en menos de dos años.

Genio heterodoxo y excéntrico, lo que ha hecho célebre a Müller-Wohlfahrt es el uso de técnicas experimentales como inyecciones de extracto de miel e incluso sangre de cabra. Una eficacia que cuestionan muchos especialistas. Franck Ribéry lo lama “los potingues del buen doctor”

Pocos días después, en campo del Bayern Leverkusen, el central marroquí Mehdi Benatia se retiraba lesionado, para consternación de Guardiola. El entrenador catalán, en un gesto inédito, se dirigió a la parte del banquillo de su equipo en que se sentaban médicos y fisioterapeutas para dedicarles unos sarcásticos aplausos. Pocos días después, HWMW presentaba su dimisión sin dar más explicaciones de las estrictamente imprescindibles. 37 años de fértil relación con el club bien merecían un cierto voto de silencio. Josep Guardiola, presunto vencedor en un pulso cuyas verdaderas claves permanecen ocultas, quiso zanjar la polémica con una frase escueta y elegante: “Se trata de un gran profesional, lamento mucho que se vaya”.

Volvemos a Río de Janeiro, un año y medio después de la tormenta en un vaso de agua de Oporto y Leverkusen. Usain Bolt, tal y como barruntaba Gatlin, ha vuelto a llegar puntual a la cita con su sueño. La magia blanca del galeno alemán le ha ayudado a Bolt a estar hoy en Río llenándose de oros.

Los potingues y las técnicas de Hans-Wilhelm curaron a Usain una semana antes de Río. A tiempo para celebrar su oro en los 100 metros (en la foto).
Los potingues y las técnicas de Hans-Wilhelm curaron a Usain una semana antes de Río. A tiempo para celebrar su oro en los 100 metros (en la foto). Cordon Press

Lo cierto es que llueve sobre mojado. El atleta ya protagonizó una recuperación contra pronóstico en verano de 2012, en vísperas de los Juegos de Pekín. Las manos mágicas del buen doctor ya jugaron un papel decisivo por entonces. Y Bolt se lo agradeció nada más bajarse del podio: “Estas medallas son en parte suyas. Él es mi arma secreta, mi médico y mi amigo”.

HWMW, un señor sajón de 74 años con consulta en Munich desde los años 70, mantuvo entonces un perfil bajo, y lo más probable es que vuelva a mantenerlo ahora. Karl-Heinz Rummenigge, presidente del Bayern y paciente suyo desde que era futbolista en activo, ya se apresuró a abrirle de nuevo las puertas del club en primavera de este año, poco después de que Josep Guardiola confirmase su fichaje por el Manchester City.

No es probable que HWMW, hombre discreto y gentil pero orgulloso en opinión de los que presumen de conocerlo, recoja el guante. No pasará factura, pero tampoco pasará página. No necesita al Bayern de Múnich, pero sí necesitaba un espaldarazo que le devolviese, intacta, su reputación de gurú de la medicina deportiva entre los deportistas de élite que acuden a su consulta como quien peregrina a Lourdes. Y ese espaldarazo estaba en el músculo dañado de Usain Bolt.

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