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Si haces esto en las redes sociales, eres un 'hater'

Aunque el 'haterismo' ha existido desde la época epistolar, Internet no ha hecho más que alimentar a la bestia. Pero, ¿qué lleva a alguien a criticar todo lo que ve o lee? ¿Somos uno de ellos?

Hola, me llamo Confuso y soy hater. Mis días transcurren entre comer panchitos en ropa interior tirado en el sofá, ver de reojo el programa de los tronistas y trollear a todos aquellos que pasan por mis redes sociales. Soy implacable. Abro Twitter solo para soltar bilis. Destrozo el trabajo de cualquiera, los estrenos, los artículos, las campañas de publicidad, los eventos a los que nadie me ha invitado y todas esas opiniones de 0,60 que se gastan las tuitstars. A veces cito, sobre todo cuando son grandes empresas, para que su community manager sienta mi mirada en su nuca. Otras no, no sea que me pillen. Ser hater no es ser idiota. Nunca bloqueo a nadie. Me gusta sentir el odio. Me alimenta.

Es capaz de alabar hasta la náusea, hasta el bochorno. Pero no te fíes

¿Has sentido el miedo penetrando en el interior de tus huesos? Deberías. El haterismo se ha instalado en nuestra vida virtual como si no pasara nada. Hemos dejado que la parcela de la negatividad sea cada vez más amplia y más arrolladora. Nadie está a salvo. El hater acecha y se lanza sobre su presa en cualquier momento. Es una de esas voces silenciosas que siguen a todo el mundo pero nunca interactúan. Están esperando el momento. Entonces, estallan. Y no será algo momentáneo. El hater es rencoroso por naturaleza. Twittea y nunca olvida.

El haterismo ha existido siempre. Remóntate a los intercambios epistolares entre grandes personajes de la historia y encontrarás magníficas prosas que revisten puñaladas de lo más rastreras. Claro que, entonces, no tenían ni idea de lo que iba a significar Internet. Si bajas el volumen de la música escucharás a los haters babeando. Porque lo que otros ven como un pozo infinito de negatividad, para el hater es puro placer. El hater duerme feliz sabiendo que ha hecho de este mundo uno peor y que, en algún momento, alguien le reconocerá su esfuerzo. Porque, sí, es vanidoso. Háblale por privado y será encantador. El odio es de cara a la galería.

Pero, ¿qué lleva a un alma pura a convertirse en un hater? La frustración. Él cree que está haciendo algo necesario para desenmascarar a los sinvergüenzas, cuando, en realidad, solo disfraza sus carencias de rencor. Odia todo lo que no ha podido conseguir. Se envuelve en su propia idea de justicia y sentencia sin miramientos. Aunque todo tiene un límite. El hater puede convertirse en tu mayor fan si así lo considera. Odia de la misma forma que ama, con intensidad y sin mesura. Es capaz de alabar hasta la náusea, hasta el bochorno. Pero no te fíes. Sus halagos no son gratuitos.

"Ser hater no es ser idiota. Nunca bloqueo a nadie. Me gusta sentir el odio"

Sabemos que ahora debes estar pensando en mandar al carajo todas tus redes sociales. No. No des la batalla por perdida. El hater desaparece en cuanto se le ignora porque necesita reacciones, armas con las que alimentar su ego y su rapidez con el teclado. Si dejas de pensar en ellos, se desvanecerán, como brujas al tocar el agua, como billetes en el suelo. Son los sarpullidos de la vida moderna. ¿No querías avance social? Pues aquí lo tienes. Disfrútalo.

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