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¿Bajan los muertos en carretera por los controles de la DGT o depende de la prudencia de los conductores?

Este julio arroja las peores cifras de siniestralidad en cinco años y la DGT anuncia medidas que podrían no compensar los peligros de unas carreteras deterioradas

Tres personas heridas en un accidente de tráfico en Llanes (Asturias).
Tres personas heridas en un accidente de tráfico en Llanes (Asturias). EFE

Ha sido el peor julio en las carreteras del último lustro. Se dejaron la vida en mitad de un trayecto 124 personas, 11 más que en las mismas fechas de 2015. Este año se esperan más de 84 millones de desplazamientos durante el verano, la cifra más alta desde 2011 y, sin embargo, la lucha contra la siniestralidad vial no ha parado de naufragar.

La Dirección General de Tráfico (DGT) ha anunciado que en agosto instalará carriles adicionales, aumentará el número de radares, de controles de velocidad y de alcoholemia, y lanzará una nueva campaña de sensibilización. Sin embargo, el deterioro de la red viaria está cifrado en 6.600 millones, según la Asociación Española de la Carretera (AEC), y la inversión pública ha caído a niveles de los años ochenta.

Y tú, ¿qué piensas? ¿Has observado señalizaciones deficientes, carreteras sin arcén para la circulación de ciclistas u otras donde el firme estuviera baqueteado e intransitable? ¿Serán útiles las medidas de la DGT o la solución final estará en las manos y la prudencia de los conductores?

Puedes enviar tu opinión aquí: CartasDirector@elpais.es indicando en el Asunto: Siniestralidad. También vía mensaje en el Facebook de El País Opinión.

La opinión de los lectores:

Estos son los comentarios más destacados hasta ahora:

Me preocupa mucho más la tendencia política a hacer enormes y desproporcionadas inversiones en aeropuertos y líneas de AVE por encima de las carreteras. Se diría que se pretende beneficiar al ciudadano de mayor nivel económico que puede permitirse viajar muy rápido y cómodo y alquilar un vehículo en su destino, por encima de aquellos ciudadanos menos afortunados que vemos los aeropuertos y estaciones de AVE en los informativos, y viajamos en utilitarios por la triste meseta.

Octavi Sánchez

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La siniestralidad en la carretera depende de demasiados factores: meteorología, visibilidad, trazado de la carretera, estado del pavimento, densidad de circulación, señalizaciones, estado del coche, estado físico y psíquico del conductor, su capacidad de reacción etc.

En aeronáutica, el diseño del los aviones se hace con la condición de que dependiendo de las consecuencias, si es una situación peligrosa la probabilidad de fallo del sistema sea 1 entre 10 millones, y si el fallo es catastrófico sea 1 entre 1000 millones. En cualquier caso, a pesar de todos los criterios de diseño, se producen accidentes de aviación. El desplazamiento en automóvil de millones de personas, en millones de vehículos, haciendo cientos de kilómetros cada día hace que la probabilidad de unas condiciones adversas sea "enorme" en comparación con los criterios aeronáuticos. Solo la disminución del factor humano puede hacer disminuir sustancialmente el número. La automatización de los vehículos para circular sin conductor y su falta de disponibilidad en condiciones de fallo, y las ayudas a través de instalaciones fijas y móviles (GPS) pueden llegar a disminuir sustancialmente dichos accidentes. Camino de ellos vamos.

José Antonio Ruiz Gamborena

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Las sanciones deberían endurecerse. Además, creo que se podría establecer algún tipo de recompensa por no haber sido amonestado o tener todos los puntos. Por ejemplo, un descuento en la compra del nuevo vechículo, lo cuál ayudaría, como antes hizo el plan PIVE, para renovar el parque automovilísico y reactivar el consumo.

Javier Rodríguez Pérez

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Las claves, sin duda, son: educación vial, el estado de las carreteras y la modernización de las vías (dos tercios de los accidentes mortales se producen en vías convencionales y solo cerca del 20% en autopistas), la edad del parque automovilístico (el mayor porcentaje de accidentes mortales ocurre en vehículos de más de 10 años de antigüedad), la confianza y transparencia de las instituciones (es decir, que las autoridades definan y apliquen normas con carácter preventivo y no con un evidente afán recaudatorio) y, como siempre, como en cualquier empresa, un buen equipo de gestión por parte de la DGT. Sin embargo, me gustaría dar un paso más: habría que limitar la velocidad máxima de los vehículos a 140 kilómetros por hora. La velocidad duplica el número de fallecidos cada 100 accidentes. Resolvamos el problema en origen.

Juan Carlos Delrieu

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El mantenimiento es casi nulo. En vías de alta capacidad, tipo autovías, es un riesgo. Pero en la red secundaria todavía es peor. E incluso hay zonas, como en la que vivo, donde oficialmente no existen carreteras; es la zona de Gimenells, a escasos 25 kilómetros de Lleida, donde hay unos 70 kilómetros de caminos asfaltados que son responsabilidad de la Confederación Hidrográfica del Ebro, quienes, al no tener entre sus atribuciones el mantenerlas y no tener asignado presupuesto para ello, acumulan décadas de abandono.

David Tomás

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La velocidad es un factor más, pero no lo más importante. He conducido en otros países y van más rápido porque tienen carriles más anchos, carreteras secundarias cuyo firme mojado no refleja la luz de otros coches etc. Sí creo que el móvil ha conseguido entretenernos al volante. La mayoría lo coge mientras conduce. Por fin, otro de los puntos que ha pasado más desapercibido es que julio este año ha tenido cinco fines de semana: el 1 cayó en viernes y el 31 en domingo, ambas fechas clave en desplazamientos.
Rafaél Gálvez Perea

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Ya que no se puede incidir sobre la irresponsabilidad e imprudencia de muchos conductores, por lo menos hagamos algo sobre lo material, sobre lo que sí se puede modificar fácilmente: por favor, aumenten el tamaño de letra de las señales que indican un desvío. Son diminutas. O tiene muy claro su camino o inducen al titubeo y la confusión, y pueden producir accidentes.

J. Martínez

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He conducido por múltiples países y hay un aspecto que siempre me ha llamado la atención. Y es que en muchos de ellos la presencia policial es prácticamente inexistente y el índice de siniestralidad es inferior al nuestro. Lo que me hace pensar que no existe una relación inversamente proporcional entre la vigilancia -tal y como la tenemos concebida en nuestro país- y el número de accidentes. Si la intención fuera meramente preventiva -y no recaudatoria-, no sería necesario que hubiera radares camuflados o escondidos en las cunetas, pues precisamente hacerse más visibles sería su gran triunfo y su único objetivo. La solución no pasa tanto por la cartera de los conductores, como por las medidas efectivas físicas de seguridad vial y la sensatez de las personas al volante.

Luis Alberto Rodríguez Arroyo

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La siniestralidad en las carreteras españolas tiene una raíz común que crece en cuatro grandes ramas llamadas: educación, DGT, fomento y fabricantes.

La primera es la falta de educación cívica y compromiso con el resto de las personas, a pie o dentro de cualquier vehículo. Trasladar tus prisas, preocupaciones o vicios a la carretera, es un camino abocado al accidente o al homicidio por imprudencia. La segunda es la DGT. Su valía debe fundamentarse en la prevención en lugar de la sanción. No siempre se encargan de regular el tráfico correctamente y la organización es muy lenta a la hora de habilitar los carriles adicionales y eso que las fechas de masivos desplazamientos llevan siendo las mismas muchas décadas. Además, basan su esquema recaudatorio sólo en el exceso de velocidad aunque si revisaran los humos y la carga de los vehículos, inmovilizarían a centenares cada hora. Tampoco ayuda el sistema de puntos y las opacas adjudicaciones para la recuperación de un carné a cambio de comisiones o favores. La tercera es el Ministerio de Fomento y las comunidades, que sólo invierten en el mantenimiento y creación de carreteras cuando una mano amiga les entrega suculentas comisiones. La cuarta es el reclamo publicitario de todos los fabricantes, ligando el éxito de su vehículo a la potencia y velocidad en cualquier gama y tamaño. Esa mentalidad arcaica impulsada por las agencias de publicidad, cree convertirnos en mejores personas o tener un mejor status, olvidando que un coche, moto, furgoneta o camión es un producto para servirnos, no al revés.

Fernando Pajuelo

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La solución es sencilla: volviendo a poner al frente de la DGT al mejor, que no es otro que Pere Navarro. Ahí están las cifras para el que las quiera ver. Al Partido Popular le importó poco la meritocracia y lo despidió, sabiendo que él y nada más que él fue el responsable de la bajada sostenida de la mortalidad en carretera, gracias a su eficacia y buen hacer.

Francisco Romero

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Gran parte de los "accidentes" no son tales sino el resultado lógico de una determinada actitud al volante. Hay muchas formas de demostrar la mala educación y la falta de respeto, siendo el exceso de velocidad una de las conductas más peligrosas. Bastaría con inmovilizar y confiscar in situ los vehículos que cometen las faltas más graves para que muchos no se la jugaran sabiendo que a lo mejor tienen que terminar su viaje cogiendo un taxi. Del mismo modo que es impensable que a un francotirador se le ponga una multa pero se le deje continuar con su arma de fuego, no sé por qué quien es detenido con su vehículo en un control circulando a 200 km/h. puede seguir conduciendo después tranquilamente. Supongo que habría que cambiar algún artículo de código penal, cientos de vidas humanas al año bien lo merecen.

Francho Beltrán Audera

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Quienes llevamos más de tres décadas conduciendo, sabemos que un alto porcentaje de conductores están mucho más concienciados en respetar las normas viarias. Pero aunque te propongas no tomar nada de alcohol, no rebasar la velocidad máxima permitida y cumplir el resto de normas, no estamos libres de vernos implicados en un accidente o en ser sancionados por alguna de las "trampas" que la DGT instala en nuestras carreteras. Sabemos del presunto rescate de autopistas sin apenas tránsito por parte del Gobierno del Partido Popular; mientras tanto, el mantenimiento del resto de autovías deja bastante que desear. Aún así, debido a la juventud de nuestra red de autovías, el deterioro no es notable. Desgraciadamente, entramos en una fase decadente en el mantenimiento que, si no se pone remedio, será un factor añadido en el número de siniestros. Los conductores, salvo algún "descerebrado" que haberlos, haylos; desde mi punto de vista, conducen más despacio y usan las carreteras como un medio para compartir y respetar a tus "compañeros de viaje". Baste retroceder años atrás, cuando se pensaba que la carretera era un circuito para competir.

José Solano

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