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Winona Ryder: “Vuelvo al lugar que me corresponde”

Tras dos años de retiro voluntario, la actriz regresa con la serie de Netflix ‘Stranger Things’

Winona Ryder en el desfile de Marc Jacobs el pasado septiembre.

Desde el momento en el que Winona Ryder abre la puerta para conversar con EL PAÍS, una ráfaga de nostalgia sabor años ochenta llena la habitación. La chica que solía usar botas Dr. Martens y tenía un aire gótico que enamoró Johnny Depp apenas ha cambiado. "Me lo dicen mucho. Es agradable escuchar algo así. Pero, bueno...", suspira agradecida. Tampoco ha cambiado su tono de voz suave, como un susurro, que acompaña a sus ojos expresivos. Ryder, a sus 44 años, es la misma intérprete que con 17 años ya había conquistado Hollywood como musa de Tim Burton. Es la misma pero a la vez una mujer nueva, esa que sin pesares ni arrepentimientos confiesa que ha vivido. "Y es toda una liberación, porque finalmente interpreto mujeres de mi edad. Me encuentro en el lugar que me corresponde", afirma la protagonista de Inocencia interrumpida (1999). Liberada pero, como siempre, tímida, porque Winona Ryder encontró la fama pero nunca la buscó. Y esa dualidad la ha acompañado toda su carrera, en los momentos de gloria, en los de vergüenza ajena y en los que ahora disfruta, volviendo a aquello que más le gusta, la interpretación.

El regreso de la última inspiración del diseñador Marc Jacobs se titula Stranger Things, una serie de Netflix donde interpreta a una madre trabajadora cuyo hijo desaparece súbitamente. La ficción ambientada en los años ochenta supone el vehículo que pondrá de nuevo a la actriz en el punto de mira. "Necesitaba tomarme un tiempo, poner mis pensamientos en orden, desenchufarme de todo y buscar otras cosas", confiesa la dos veces candidata al Oscar por La edad de la inocencia (1993) y Mujercitas (1994).

Estos dos últimos años en San Francisco los pasó estudiando Lingüística y Etimología. También fue oyente en las clases de Noam Chomsky en Berkeley. "Con mis contactos tengo la suerte de asistir sin estar matriculada", ríe bribona la ahijada del escritor Timothy Leary que contaba con Allen Ginsberg o Lawrence Ferlinghetti como amigos de la familia.

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Una foto publicada por Winona Ryder (@winonaryderforever) el

Tiempo de reflexión

Además, aprovechó su retiro temporal para ver cine, mucho cine, "hasta 500 veces la misma película", recuerda. De Audrey Hepburn, Katharine Hepburn, Bette Davis, Gena Rowlands. "Papeles de mujeres rotas", apunta mientras añade que son sus preferidas. En este lapso ausente tuvo tiempo para disfrutar de su relación con el diseñador de moda Scott Mackinlay Hahn. "Llevo seis años muy felices", dice la estadounidense que por lo general es reservada con su vida privada. También fue un buen momento para reflexionar sobre sus años junto a Depp que como dice no tienen nada que ver con las acusaciones de abuso que pesan contra el actor. "No acabo de entenderlo", afirma confusa. "Lo nuestro fue hace mucho, mucho, tiempo y con ello no quiero ni desvirtuar la relación, que fue muy especial, ni aprovecharme de ella", antecede a su respuesta. "Pero yo solo conozco en Johnny a un tipo muy bueno, decente y maravilloso", le defiende.

Volviendo al presente, Ryder no puede sentirse más satisfecha con su trabajo actual. Da igual que sea en televisión y parte de un reparto múltiple donde no se siente estrella. "Sé que es difícil de entender pero nunca quise ser el centro de atención. No me quejo y solo puedo dar las gracias por las oportunidades que he tenido en mi carrera, pero la fama te aísla. La presión me pudo cuando tenía 20 años. Ya me lo advirtieron y no lo entendí. Y mis 30 fueron años muy extraños, en eso estoy de acuerdo -acepta en una velada alusión al arresto y posterior juicio que vivió tras robar en unos grandes almacenes de lujo-. No quiero decir que saliera quemada pero lo que es cierto es que con la edad uno acaba sintiéndose más cómodo en su propia piel".

Lágrimas, agua y jabón

Winona Ryder confiesa que para mantener su piel sana sigue los consejos de su abuela, “que se limitan a agua y jabón”, dice del truco que ha pasado de generación en generación en la familia Horowitz, su nombre de pila. Los años de profesión le han enseñado algunos más, como relajar la frente y “evitar la cara de sorpresa”. A veces son trucos que requieren ayuda como las pestañas postizas que ha usado para darle una mayor vitalidad a su mirada delante de los fotógrafos en la alfombra roja. “Pero me hacen parecer un poco borracha así que no sé si lo volveré a hacer”, asegura. Para lo que no hay truco es para llorar. “Soy alérgica a los productos que se utilizan para llorar así que necesito un tiempo, pero las lágrimas que ves en pantalla siempre son mías”.

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