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Un manual de instrucciones que se autodestruye en cinco segundos

El Reino Unido amaneció el viernes siendo un país muy diferente al que era el día anterior

La bandera británica, en una vivienda de Londres.
La bandera británica, en una vivienda de Londres.

El artículo 50 del Tratado de la Unión Europea es el manual de instrucciones para la retirada de un Estado de la Unión. Nunca se ha aplicado, pero ahora habrá ocasión de probarlo una vez que el Reino Unido solicite iniciar el proceso. A pesar de su aparente simplicidad, lo cierto es que el artículo 50, que se redactó para no tener que aplicarlo jamás, sirve para poco.

Primero, no existe un plazo para iniciar el proceso de retirada, de modo que el Reino Unido podría dilatar todo el tiempo que quiera el inicio de las negociaciones. Este retraso podrá utilizarlo en su favor, especialmente si las turbulencias financieras terminan impactando más severamente en la eurozona que en la City.

Segundo, el artículo 50 nada dice sobre las futuras relaciones del Estado saliente con la Unión, algo que, como es evidente, será fundamental durante las negociaciones que se avecinan. Por no decir, ni siquiera dice si el Tratado de retirada puede incluir el nuevo estatuto de relaciones del Reino Unido con la Unión. La Unión podrá exigir una negociación escalonada (primero la retirada, después un acuerdo comercial), pero eso solo dilatará las negociaciones de la retirada, pues el Reino Unido no firmará nada sin saber qué vendrá después.

Y tercero, el artículo 50 guarda silencio sobre las retiradas hostiles. El Reino Unido podría organizar una guerrilla institucional y utilizar el resultado del referéndum para hacer una “desconexión unilateral”, sin Tratado de retirada ni nada parecido. En ese caso, nadie sabe qué hacer.

Aún peor: nada dice el artículo 50 sobre un escenario donde el Estado que se retira intenta salvar los muebles lanzando un ataque contra la Unión. Ese escenario puede haber comenzado ya. La City y sus batallón mediático tendrá que salir de ésta, y qué mejor manera que apuntar con el dedo al vecino. En este caso, el euro. La City admitirá que vienen curvas para la libra, pero muchas más para el euro, dirán. Algo de razón tendrán, pero será una estrategia calculada para que la factura de este irracional e innecesario Brexit la paguemos nosotros, los que seguimos en la Unión, y no los verdaderos responsables del desastre.

El Reino Unido amaneció el viernes siendo un país muy diferente al que era el día anterior. Y a las 06.55 horas de este viernes, tras conocerse los resultados del referéndum, el artículo 50 se autodestruyó.

 Daniel Sarmiento es profesor de Derecho de la UE en la Universidad Complutense.

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