Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Pensamiento mágico

No se puede ir a unas elecciones anticipadas con la misma oferta electoral y pensar que el resultado será diferente

Soraya Sáenz de Santamaría y Jorge Fernández Díaz tras facilitar los datos oficiales del escrutinio de las elecciones generales de 2015
Soraya Sáenz de Santamaría y Jorge Fernández Díaz tras facilitar los datos oficiales del escrutinio de las elecciones generales de 2015 EFE

Para evitar la repetición de un bloqueo como el que nos ha llevado a la repetición de las elecciones, se podrían cambiar varias cosas. Una primera opción sería cambiar de líderes. Líderes diferentes, podríamos pensar, podrían llegar a acuerdos diferentes. Sin Rajoy, el PP puede llegar al centro más fácilmente. Sin Sánchez, el PSOE podría pactar con el PP. Sin Iglesias, Podemos podría abstenerse para desalojar a Rajoy. Y sin Rivera, Ciudadanos podría sumarse a un gobierno de centro-derecha o abstenerse ante Podemos. Pero todos repetirán, así que nada que hacer por ahí.

La segunda opción sería cambiar los programas electorales. El PP podría aceptar corregir sus políticas más polémicas (reforma laboral, educación, seguridad ciudadana), PSOE y Ciudadanos podrían aceptar una consulta no vinculante en Cataluña y Podemos podría aceptar el principio de equilibrio en las cuentas públicas. Pero tampoco vislumbramos nada por ahí.

La tercera opción sería cambiar las reglas del juego. Sólo con prohibir la disolución de las Cortes hasta pasados dos años de las elecciones y, mientras tanto, en ausencia de acuerdo, dar el Gobierno a la lista más votada, se reventaría la dinámica en la que los partidos se han instalado. Por no hablar de un cambio en el sistema electoral que diera un premio de escaños a la lista más votada.

La cuarta opción sería cambiar a los votantes: convencerles de que tienen que variar radicalmente la orientación de su voto para proceder a una redistribución completa del mapa electoral. Cosa que tampoco parece que sea el caso (si quiera porque eso es lo que ya hicieron en diciembre).

Llamamos pensamiento mágico, en contraposición al racional, a toda forma de aproximarse a la realidad basada en la superstición, la mitología o las creencias irracionales. Hablarle a un tótem para que nos conecte con los antepasados o pensar que las plegarias sirven para provocar la lluvia son formas comunes de pensamiento mágico. Pero también es pensamiento mágico pensar que uno puede ir a unas elecciones anticipadas sin cambiar ninguno de los elementos de la oferta electoral y pensar que va a producirse un resultado diferente. @jitorreblanca

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.