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No a las multas lingüísticas

El Gobierno catalán ha pisado el acelerador de la imposición identitaria, aumentando las multas lingüísticas en un 173%. Da vergüenza que, en pleno siglo XXI, el poder político inspeccione y multe a los comercios de los ciudadanos en función de la lengua en que rotulan su letrero. Obligar a alguien a usar un idioma contra su voluntad a base de multas es un auténtico despropósito que solo acaba generando resentimiento hacia la lengua que se impone. En ninguno de los territorios bilingües de Europa existen estas multas lingüísticas a la catalana. En Gales puedes rotular tu comercio libremente en inglés o en galés, en Tirol en alemán o en italiano y en la misma capital europea, Bruselas, en flamenco o en francés. Ya va siendo hora de acabar con estas sanciones del Gobierno catalán, propias de una dictadura lingüística y únicas en todo el continente.— Carmen B. Fernández.

 

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