Una foto fija

WIFREDO Lam ha vuelto. Lo habíamos dejado en forma de gran lienzo en el MOMA junto a Las señoritas de Avignon, de su admirado Picasso. La jungla es la obra más revolucionaria del artista cubano (Sagua la Grande, 1902-París, 1982) y donde mejor supo reconciliar el vigor artístico de América Latina con la vanguardia europea y la poderosa mística de las tradiciones africana y oceánica. Fue la obra estrella de la exposición que el Pompidou le dedicó el pasado invierno y que ahora inaugura el Reina Sofía, pero el museo neoyorquino no permite por más tiempo el préstamo. A cambio, ha dejado pinturas excepcionales que se suman a otras que provienen de colecciones públicas y privadas. Dibujos, cerámicas, grabados y testimonios de sus colaboraciones con los más destacados escritores de su tiempo completan la biografía artística de uno de los primeros autores que tomaron conciencia de la cuestión racial y sus implicaciones sociales y políticas en Cuba, Europa y EE UU.
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