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Fernando Grande-Marlaska

FERNANDO Grande-Marlaska (Bilbao, 1962) comparte su vida con una fox terrier, Pepa, y dos galgos adoptados, Martina y Duende. “Es una raza que representa la idea del maltrato sistemático de nuestra sociedad hacia los animales. Esa es una de las cuestiones que menos en serio nos tomamos en este país”.

De los traumas pasados no solo quedan secuelas físicas, como la cojera de Martina. “La arrojaron de  cachorro a un pozo. Ahora le cuesta confiar en las personas. No en nosotros, pero sí en terceros. Es excesivamente dependiente y muy introvertida”.  Ellos también conocen a su dueño, que ha atravesado etapas complicadas en la Audiencia Nacional, cuando se convirtió en el azote de la banda terrorista ETA. “Están ahí en los momentos más duros y en los menos duros. Cuando llegas agotado a casa son los que mejor evalúan tus sentimientos. Cuando los tengo cerca es como si absorbiera su energía. Si necesito un plus de fuerza, ellos me lo dan encantados”.

Tener animales, insiste el juez, es una responsabilidad duradera. “Dependen de ti para muchas cosas. Hay que darles cariño y educarlos”.  ¿Y no le condicionan su vida? “A veces lo piensas, por ejemplo ante un viaje, pero te dura dos minutos. Buscas la forma de adaptarte”.

El juez junto a Pepa, Martina y Duende.

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