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Paciencia, el presidente de EE UU está jugando al golf

La pasión de Obama por este deporte es una pesadilla para los reporteros de la Casa Blanca

Barack Obama en el club de golf Vineyard en la isla de Martha' s Vineyard (EE UU). Ampliar foto
Barack Obama en el club de golf Vineyard en la isla de Martha' s Vineyard (EE UU).

Ser corresponsal de la Casa Blanca le permite a un periodista pisar algunas de las estancias de la residencia presidencial más replicada en el cine y la televisión. También ser el primero en recibir de primera mano la última noticia urgente del país e, incluso, conversar con el presidente de EE UU en alguna que otra ocasión. Lo malo es cuando el mandatario se va de vacaciones. Sobre todo si el presidente es Barack Obama, un fan confeso del golf que, si por él fuera, se pasaría la mayor parte del tiempo libre intentando bajar su handicap o perfeccionar su swing. Así lo ha hecho los últimos veranos durante su descanso en Martha’s Vineyard y, también, en el receso navideño que pasa en Hawái.

Los corresponsales de la Casa Blanca siguen al presidente cada vez que pone un pie fuera del Despacho Oval y, por turnos, se encargan de escribir los pool reports, los breves recuentos que llegan a los demás colegas acreditados con detalles y color sobre sus acciones, desde qué ha comido el presidente a la ropa que lleva o qué ha dicho y con quién está.

Normalmente casi todo lo que hace un presidente de EE UU es noticia. Pero cuando Obama cuelga el traje y la corbata y se pone sus famosos pantalones caqui de fin de semana o de vacaciones, la mayor parte del grupo —no son todos— de los periodistas de la Casa Blanca que lo siguen por doquier ya saben lo que les aguarda: interminables horas de espera hasta que el mandatario acabe su partido, mientras ellos montan guardia en restaurantes de comida rápida con la esperanza de avistar a Obama y de que el personal de la Casa Blanca les dé detalles sobre los compañeros de juego y la tarjeta del presidente. A veces Obama cambia su rutina y se va de cena con su familia, hecho del que también darán puntual nota. Si ser corresponsal de la Casa Blanca requiere conocimientos en política exterior y en los entresijos domésticos, cubrir las vacaciones del presidente exige saber de golf y, sobre todo, mucha paciencia.

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