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Inesperado

Lo que no podían imaginar es que dos catalanes les desmontarían el chiringuito. Su libro no es de ideas, es de datos. Estos sí que trabajan

Sabido es que los caudillos de la independencia catalana mienten más que hablan. Afirman la permanencia en la Unión Europea cuando hasta el jefe de bedeles les ha dicho que saldrán de ahí arreando. Que el pobre Casanova fue un mártir nacional, pero murió en la cama de viejo. Juran que no habrá corrupción en la nueva Jauja cuando su jefe histórico dirige una banda de cleptómanos. Que los españoles les robamos 16.000 millones de euros, que pagan más que los länder alemanes, que por eso el Estado no publica las cuentas, todo mentira. Ni una sola de las informaciones nacionales catalanas se puede tomar en serio. No es algo fuera de lo común, los políticos mienten, pero los separatistas han elevado el vicio hasta la bufonada y por eso sudó sangre Romeva en la BBC.

Ninguno de ellos leerá el riguroso Las cuentas y los cuentos de la independencia, de Borrell y Llorach, no vaya a ser que la verdad les estropee la siesta. Esa pareja ha cometido el peor pecado que cabe en este país. Han trabajado. Mucho. Acostumbrados a decidir lo que es verdad o mentira por la altura del tono de voz, no estamos habituados a comprobar los hechos. Borrell y Llorach han quemado horas y más horas llamando a embajadas, consultando servicios públicos, entrevistando ejecutivos, comprobando cifras… Y han demostrado que todo el proyecto separatista es un enorme cuento sobre cuentas delirantes.

Los separatistas tienen por ignaros incurables o por idiotas a sus votantes, como Franco, y cuentan con la abulia de los políticos españoles que jamás comprueban nada porque da mucho trabajo. Lo que no podían imaginar es que dos catalanes les desmontarían el chiringuito. Su libro no es de ideas, es de datos. Estos sí que trabajan.

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