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OPINIÓN

Un vistazo sereno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El padre de los Objetivos del Milenio expone sus consideraciones sobre la nueva agenda universal, que no es tal en su opinión

El secretario general Ban Ki-moon posa junto representantes políticos irlandeses tras una reunión sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El secretario general Ban Ki-moon posa junto representantes políticos irlandeses tras una reunión sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La búsqueda de la agenda global Post-2015 ha llegado a su fin. Después de casi dos años de negociaciones, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se acordaron el 2 de agosto. Serán formalmente adoptados por los jefes de Estado en una cumbre de la ONU en Nueva York del 25 al 27 de septiembre. Antes de que alguien los describa como históricos, éste es un buen momento para echar un vistazo objetivo y desapasionado a los ODS.

Agrupados bajo 17 grandes objetivos, los ODS comprenden 169 metas, aunque meta es un término inapropiado. Según el diccionario, una meta es fin preciso a ser alcanzado en un plazo específico. Se requiere que el objetivo sea claro, que el nivel de logro sea específico y que la fecha límite esté bien definida.

No es realista decir que se va a "poner fin al hambre" para el año 2030

En ese aspecto, la mayoría de los ODS no pasan la prueba porque, además de no contener un resultado numérico —se usa mucho un lenguaje como ‘aumentar/reducir sustancialmente, reforzar, fortalecer, progresivamente mejorar, promover, garantizar’—, muchos no establecen un plazo específico para ser alcanzados. Y cuando lo hacen, se cita sobre todo el año 2030; aunque en algunos también se fijan de manera arbitraria 2020 o 2025. Es por esto que los objetivos no son aptos para ser llamados ‘metas’.

Cuando eliminamos los puntos que no mencionan un plazo claro o un nivel específico para ser alcanzados, nos quedamos con solo 45 de las 169 metas. Sin embargo, varios de esos 45 no cumplen tampoco la primera condición, a saber, fijar un objetivo claro. Tomemos el objetivo 4.7 como ejemplo —"garantizar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible". O leamos el 7.1 que dice: "garantizar el acceso universal a servicios de energía asequibles, confiables y modernos". El 16.1 lee: "reducir considerablemente todas las formas de violencia y las tasas de mortalidad conexas en todo el mundo". En comparación con el objetivo 3.1 que estipula "reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos", los ejemplos previamente mencionados no llegan para nada a definirse como metas. Cuando eliminamos aquellos objetivos difusos, nos quedamos con solo 29.

No está claro por qué unos objetivos incluyen metas colectivas y otros nacionales

Por lo tanto, los ODS contienen 169 artículos, pero en realidad, hay menos de 30 metas genuinas. Con toda honestidad, los ODS son una mezcla de ideales y generalidades, salpicados con algunas metas concretas. Por ejemplo, el artículo 1.4 establece "garantizar que todos los hombres y mujeres, en particular los pobres y los vulnerables, tengan los mismos derechos a los recursos económicos". Este objetivo es loable; pero para ser una meta le falta claridad, un resultado preciso y un plazo específico. Otros ejemplos podrían añadirse. Permítanme mencionar uno más: el artículo 16.5, que dice que hay que "reducir sustancialmente la corrupción y el soborno en todas sus formas". Joseph Stiglitz describe las contribuciones a las campañas electorales en su país como "corrupción de estilo americano". No está claro si el punto 16.5 implica entonces una reforma del financiamiento de las campañas en Estados Unidos.

En suma, cuando se trata de los ODS, es importante no confundir artículos generales con metas específicas.

Por otra parte, algunas metas ponen el listón muy alto. No es realista decir que se tiene que "poner fin al hambre" para el año 2030, como establece la meta 2.1. En los últimos 25 años, la desnutrición infantil se ha reducido de 25% hasta 14%, lo cual es un logro respetable. Uno se pregunta, sin embargo, ¿cómo esta tasa de progreso será más del doble en los próximos 15 años. La meta fijada para reducir la mortalidad materna es ambiciosa también, pero no irreal. También la relativa a la lucha contra mortalidad infantil parece factible a nivel mundial, pero no lo es en cada país. Es por esto que algunas de las metas devienen problemáticas.

Los ODS son una mezcla de ideales y generalidades, salpicados con algunas metas concretas

Los ODS contienen algunos restos colectivos, mientras que otros son específicos para cada país. Así, la meta de "reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos" es colectiva. Esta tasa mundial se podría lograr aunque varios países no lo consiguieran, si otros alcanzan un nivel muy por debajo de 70. Pero la meta de reducir la mortalidad de menores de 5 años a por lo menos 25 por cada 1.000 nacidos vivos "en todos los países" es una meta que tiene que lograr cada país. No está claro por qué unos ODS incluyen metas colectivas y otros específicas. Estas últimas no solo son más difíciles de alcanzar, sino que también violan el principio de apropiación nacional teniendo en cuenta el contexto local.

También se nota que (casi) todos los ODS utilizan puntos de referencia absolutos; mientras que los Objetivos del Milenio que les precedían utilizaban, sobre todo, brechas relativas. Ambas maneras de establecer metas tienen deficiencias particulares. Lo mejor es que se combinen brechas relativas y absolutas para superar las posibles carencias de uno u otro mecanismo. Sin embargo, los ODS adoptan mayoritariamente puntos de referencia absolutos.

La agenda no se puede llamar de ninguna manera universal en tanto que olvida la lucha contra la obesidad

Para terminar de echar este vistazo desde un ángulo positivo, los ODS contienen dos metas sorprendentes. La primera es la 1.2: "reducir al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños de todas las edades que viven en la pobreza en todas sus dimensiones con arreglo a las definiciones nacionales". Esta es, tal vez, la única meta que es verdaderamente universal —aunque la agenda no se puede llamar de ninguna manera universal en tanto que olvida la lucha contra la obesidad. La segunda sorpresa es la meta 10.c que habla de "reducir a menos del 3% los gastos de transacción de las remesas de los migrantes y eliminar los canales de envío de remesas con costes superiores al 5%". Ambas metas son claras, concretas y medibles. Con todo, si se toman en serio, los ODS todavía pueden tener un impacto positivo de aquí al 2030.

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