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Delors, 90

Casi todos los avances europeos de los últimos decenios llevan la impronta del ‘tío Jacques’

Jacques Delors acaba de cumplir 90 años. El Consejo Europeo le ha concedido el título de Ciudadano de honor de Europa, antes solo otorgado a Jean Monnet (1976) y a Helmut Kohl (1998).

Está escrito que Delors es un mito porque casi todos los avances europeos de los últimos decenios llevan su impronta: del mercado interior a la moneda única; de la política de cohesión a las grandes redes de transporte; de la ciudadanía europea al programa Erasmus; de la ampliación mediterránea a la reunificación alemana y continental. La política griega Anna Diamantopoulou le elogia aplicándole la frase de Abraham Lincoln: “al cabo, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años”.

El tío Jacques sigue vivaz y vibrando. Acaba de escribir sobre el drama de Grecia un texto muy lúcido, reclamando “un cambio de perspectiva” en ese país, que aúne “una clara voluntad de romper” con sus últimos cuarenta años, con la resistencia a “imputar lo fundamental” de sus problemas “a causas externas”.

El secreto de la trayectoria del expresidente de la Comisión Europea por antonomasia está en su tozudez: nunca se rindió ante la rigidez de los ministros de Economía, ni ante el nacionalismo cortoplacista de algunos primeros ministros, ni siquiera cuando perdía, como le sucedió con su gran programa pro crecimiento y empleo contenido en el Libro Blanco de 1993: aún hoy sirve de referencia.

También en su capacidad de síntesis. Fue vanguardista en reconciliar socialismo y mercado; rigor presupuestario y políticas expansivas; europeísmo y empeño por una gobernanza mundial. Pugnó ante Maastricht por un diseño del euro muy superior al conseguido, según el principio de que “la unión económica y la unión monetaria forman parte de un conjunto y deben en consecuencia realizarse en paralelo”. Y en ese empeño aún estamos.

Buscó la fuerza y el equilibrio europeos en el triángulo de “la competencia que estimula, la cooperación que refuerza y la solidaridad que une”. Y por esa suma todavía pugnamos.

Y define el proyecto socialdemócrata en tres conceptos: “reformismo frente a la revolución, equilibrio entre Estado y mercado, compromiso entre el capital y el trabajo”. Esas asignaturas pendientes.

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