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Correo

Retrato de un dinosaurio

“No salgo de mi asombro ante la corrupción que rodea al organismo controlador del fútbol mundial”

Carta de la semana: Retrato de un dinosaurio

Leo con estupor el reportaje sobre el dinosaurio de la FIFA publicado el 14 de junio y no salgo de mi asombro ante la corrupción que rodea al organismo controlador del fútbol mundial. Podría tratarse de un Estado más del mundo, que no rinde cuentas a nadie, donde el clientelismo, la opacidad, sobornos, corruptelas en compra de votos y la falta de democracia son señas de identidad. Entre otros problemas, ¿quién controla a este gigante? Nadie.

Diego Moraleda Jiménez. Membrilla (Ciudad Real)

 

¿Y si los ateos creen en Dios?

El artículo La iglesia de los descreídos (El País Semanal, 14-6-15) ilustra sobre un tema de nuestro mundo de hoy, el de las creencias. La diferencia con España está en que los ambientes europeos que retrata el reportaje son de gente que ha vivido en libertad desde la infancia, mientras que nosotros, los de mi generación al menos, la vivimos muy constreñidos. Pero en el fondo los problemas son los mismos: que no basta con dejar de ser creyentes confesionales, sino que el hombre tiene carencias, las que esa gente trata de llenar con organizaciones similares a las tradicionales de las Iglesias, solo que sin dogmas y en formas no impuestas desde arriba, sino ideadas por las propias organizaciones al servicio de las necesidades que siente la gente, las de identificarse en el mundo donde vive de una manera sencilla, profunda y humana.

Formalmente se les puede considerar descreídos, también ateos, pero en realidad son los únicos que creen en Dios entendido como idea de unidad en la que nos podemos encontrar todos, quien puede disolver los conflictos, que es precisamente lo contrario de un Dios confesional, el que se ha puesto al servicio de unos en contra de otros, el origen de todas las guerras.

Julián Sanz Pascual. Segovia


A vueltas con las jerarquías

He de confesar que me produce hastío la casi inevitable pregunta –en ocasiones, acusación– sobre si no hay problemas más graves cuando alguien se manifiesta en defensa de los animales. En Cada uno a su manera, Martín Casariego se hace eco de la pregunta formulada por un periodista a Morrissey tras la afirmación del cantante de que las corridas son “la vergüenza de España”, para apresurarse a catalogar sus opiniones como pertenecientes al grupo de las muy variadas “estupideces”, “memeces”, “sandeces”, ante las que Casariego admite no saber siempre si reírse o indignarse. Me produce hastío la insistencia en establecer una jerarquía cuando del sufrimiento se trata, como si no ocupar el primer puesto hiciera ese sufrimiento menor. Morrissey se centró en evaluar el modo en que el problema afecta al individuo que lo padece cuando dijo, en relación con las corridas de toros, que “no hay problemas más importantes en España si resulta que eres un toro”. El sufrimiento es único para el que lo padece, al margen de la especie a la que pertenezca.

Margarita Carretero González. Correo electrónico

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