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CARTAS AL DIRECTOR

Martin Patino: el brazo derecho de Tarancón

Siendo arzobispo de Oviedo, monseñor Tarancón se fijó en aquel hijo de San Ignacio que apuntaba modales y formas para encargarle la reforma litúrgica según las presupuestas del Concilio Vaticano II. Como arzobispo de Madrid, Tarancón encontró en José María Martín Patino su escudero más fiel cuando las iras contra el cardenal rojopintaban las paredes de Madrid con el eslogan asesino: “Tarancón al paredón”.

Martín Patino se sirvió de los púlpitos laicos para dar a conocer mejor la naturaleza espiritual y no política de la Iglesia, a la que algunos por la izquierda ultra querían encerrar en las sacristías, y otros por la ultraderecha en viejos esquemas inmovilistas opuestos al espíritu del Vaticano II; porque la Iglesia, para Patino, siguiendo las pautas del proyecto pastoral del cardenal Tarancón durante la Transición, no podía encabezar ni patrocinar ninguna opción política, por mucho que algunos políticos irresponsables y demagogos quieran utilizarla en su particular luchar.

Alejado de todo poder político o eclesial, Patino ha muerto a los 90 años después de ofrecer su profunda experiencia social y religiosa en la Fundación Encuentro, desde la que tanto luchó por la reconciliación de los españoles. Falleció con la espina de no haber podido lograr un consenso entre las fuerzas políticas en una cuestión tan importante como es la educación. El status de la asignatura de Religión en la escuela pública fue posiblemente la única batalla que perdió por la intransigencia de los inmovilistas. Exactamente como hoy.— Fidel García Varona.

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