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David Beckham, el hombre que se diseñó a sí mismo

Estrena una nueva colección para H&M y lanza su propia marca. En 2014, su primer año retirado del fútbol, ha ganado 70 millones, 30 más que Messi. David Beckham ha demostrado tener un cuerpo para el deporte y una mente para los negocios

David Beckham
David Beckham en Madrid. Samuel Sánchez

Llega a una de las tiendas que H&M tiene en la madrileña calle Gran Vía vestido con las prendas de la colección que ha creado con la cadena sueca. Por las mangas de la americana y el cuello de la camiseta asoman sus tatuajes. El tupé perfectamente cincelado, los ojos surcados por arrugas, la sonrisa perenne. Es David Beckham (Londres, 1972): el jugador de fútbol que ha saltado de los cromos de la Liga inglesa a las carpetas de las adolescentes de medio mundo y de ahí a los anuncios de las marquesinas como un icono de estilo. Comenzó prestando su imagen a firmas de moda, luego diseñó pequeñas colecciones para algunas de ellas como H&M o Belstaff, y ha terminado creando su propia enseña. Todo gracias a su capacidad para construir una de las marcas personales más potentes del mundo del deporte. Esa que le permitió ingresar 70 millones de euros en 2014, su primer año fuera del fútbol profesional. Casi 30 millones más que Lionel Messi, el jugador en activo que ostentó entonces el récord de ganancias, y 20 más que en su última temporada como profesional, según recoge la edición estadounidense de la revista Forbes.

“Siempre me he visto como un deportista, pero también como un hombre que quería tener éxito en los negocios. Sé lo que se necesita, estoy rodeado de gente que ha triunfado en este campo y que me han guiado”, aseguró ayer en una entrevista a EL PAÍS. Beckham se explica en inglés. Ni una palabra en español pese a sus cuatro años en el Real Madrid.

Puede que el talento empresarial de Beckham tenga que ver con su herencia y su formación deportiva: saber rodearse de un equipo de profesionales y, como recalca, tener la inteligencia de escucharlos.

David Beckham en la campaña de H&M. ampliar foto
David Beckham en la campaña de H&M. Cordon Press

Además de su séptimo trabajo con H&M, el británico firmó el año pasado dos lucrativos contratos que, según Forbes, le reportaron casi 19 millones de euros. Uno con Diageo, el fabricante de bebidas alcohólicas más grande del mundo, para ser embajador de su nuevo whisky Haig Club; y el segundo, con el conglomerado hongkonés Global Brands Group (GBG), que desarrolla, entre otras, las licencias de Calvin Klein o Reebok. De la mano de esta compañía, Beckham ha pasado al siguiente nivel en la industria de la moda: de protagonista de la publicidad de una firma a propietario. La línea, que contará con prendas y complementos, surge como una colaboración al 50% entre GBG y el tándem formado por el excentrocampista del Real Madrid y Simon Fuller. Su socio en este y otros proyectos es el creador de la franquicia de programas televisivos American Idol, representante del matrimonio Beckham y uno de los hombres que más han influido en la carrera del jugador junto a su esposa Victoria.

“Él era el mánager de las Spice Girls y fue quien me presentó a mi mujer. Solo por eso le estoy agradecido de por vida. Es bueno tener a tu lado a alguien a quien respetas dentro del mundo de los negocios, y ahora que me voy introduciendo cada vez más en este universo su ayuda resulta fundamental”, cuenta en el interior de la propia tienda, que se mantuvo cerrada al público.

Estoy rodeado de gente que ha triunfado en el mundo de los negocios y que me guía, dice el exfutbolista

Si Beckham fue uno de los primeros deportistas en prestar su imagen a una firma de lujo, también ha sido un pionero a la hora de poner su marca personal, esa que tan meticulosamente ha diseñado, al servicio de su propio proyecto textil. Una tendencia en auge y que viene a renovar la ya larga relación entre moda y deporte. En 2012, Cristiano Ronaldo se unió al fabricante danés JBS para crear su línea homónima. Y el campeón del mundo de surf, Kelly Slater, acaba de fundar M.Nii con el grupo Kering —propietario de Gucci y Saint Laurent Paris, entre otros— como socio.

Aunque colgó las botas en 2013, hace tiempo que Beckham es mucho más que un jugador de fútbol. Era y es un negocio. Cuando debutó en el Machester a finales de los noventa, el club británico era el adalid de marketing deportivo: el equipo que más ingresaba gracias a su capacidad para explotar las audiencias de China e India. Fueron los años en los que se forjó el mito del Manchester y también el de Beckham, que llegó convertido en icono al Real Madrid, donde inauguró y abanderó la estrategia del club en el mercado asiático.

David Beckham junto a su hija Harper Seven en Los Ángeles. ampliar foto
David Beckham junto a su hija Harper Seven en Los Ángeles. Cordon Press

Siempre supo vender camisetas y sueños. A lo largo de los últimos 20 años, esta capacidad de prescripción no ha hecho nada más que crecer. Todo comenzó cuando en 2002 decidió dejarse una cresta al estilo mohicano y su corte de pelo se propagó como un virus. Como revelaría años después, el entrenador del Manchester sir Álex Ferguson le obligó a raparse, pero ya era demasiado tarde: el icono de estilo había nacido. Sería la última decisión espontánea del jugador en materia estilística. “La gente no solo me ha visto como un deportista sino como un hombre con una estética a seguir. No es algo que yo buscase al principio de mi carrera; simplemente pasó. A la gente le gustaba vestir como yo o copiar mi peinado”, recuerda. Al hablar mira directamente a los ojos, pero su voz suena como un susurro.

Otro punto de inflexión en su carrera fue 2007. Ese año dejó el Real Madrid por Los Angeles Galaxy y debutó como imagen de Armani Underwear. Tres años después compartiría esa campaña de publicidad con su mujer Victoria. Juntos han sabido retroalimentarse y reinventarse. También superar alguna crisis matrimonial. Cuando se casaron en 1999, ella era la cantante que menos cantaba de las Spice Girls y él, centrocampista del Manchester. Dos jóvenes con fama mundial que parecían más preocupados por conseguir el alisado capilar definitivo que por construir un imperio empresarial. Tres lustros después, Victoria se ha convertido en una de las pocas famosas que ha conseguido triunfar con su propia marca. Desfila en Nueva York, ha sido reconocida con un premio de la moda británica y factura más de 40 millones de euros al año, según The Sun.

“Se merece todo lo que ha conseguido. Ha trabajado mucho para lograrlo. Es uno de los valores que tratamos de transmitirles a nuestros hijos: si quieres tener éxito en la vida tienes que trabajar duro”, cuenta.

David Beckham junto a su esposa Victoria y sus hijo Brooklyn, Romeo y Cruz, en diciembre de 2013. ampliar foto
David Beckham junto a su esposa Victoria y sus hijo Brooklyn, Romeo y Cruz, en diciembre de 2013. FilmMagic

El exfutbolista asegura que no recibe consejos empresariales de su mujer, pero sí creativos. “Cada uno tenemos nuestro estilo. Ella siempre ha respetado el mío, pero eso no significa que, como dentro de cualquier matrimonio, si no le gusta como voy me lo diga. Es muy sincera”, se ríe.

Además de su faceta como diseñador, Beckham mantiene sus proyectos con Adidas, Sky Sports, la marca de relojes Breitling y Samsung. Es embajador del grupo Jaguar Land Rover en China y de la liga de fútbol profesional de este país. El deporte sigue formando parte de su vida. “Compromisos profesionales en Londres” le impiden quedarse en España para ver el clásico Madrid-Barça que se juega mañana. “Voy con el Madrid, por supuesto”.

Cuidarse sin pasarse

David Beckham produce junto al gigante cosmético Coty una gama de perfumes bajo su nombre, que, según recoge Forbes, genera unas ventas de 92 millones al año, de los que cuatro van a parar a la cuenta corriente del exfutbolista. Parece lógico que le hayan ofrecido desarrollar su propia línea de fragancias. Él mismo se jacta de haber “formado parte” de la revolución estética que el hombre occidental ha protagonizado en las últimas décadas. Pero reniega del movimiento metrosexual que, de alguna forma, ayudó a encumbrar. “Está bien cuidar tu peinado o tu barba, pero no demasiado. En mi opinión, resulta poco atractivo”.

Quién lo diría.

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