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Cómo no hacer el ridículo al encargar un ramo de flores

¿Una rosa Red Naomi suelta? ¿O un centro con azucenas? Cómo aprovechar que este San Valentín las flores están más baratas

Woody Allen y Joe Turturro sí sabían comprar flores en 'Aprendiz de gigoló'
Woody Allen y Joe Turturro sí sabían comprar flores en 'Aprendiz de gigoló' Cordon Press

Están expectantes las floristerías con la llegada de San Valentín. Por un lado les puede el optimismo, ya que después de tres años con un IVA del 21% que provocó que las ventas cayeran un 50%, este 2015 es el primero en el que vuelven al tipo impositivo del 10% de siempre. Es decir, esperan vender más porque podemos regalar más barato. Pero el hecho de que el 14 de febrero haya caído en sábado pone el dato amargo. Cuando esto ocurre, muchos enamorados aprovechan para hacer una escapada romántica e invierten el dinero en hoteles en lugar de en ramos. Algo nada bueno para un negocio que, según la Asociación Española de Floristas, solo este día factura el 15% del total anual.

El problema de San Valentín es que compran flores todos los que no las compran el resto del año. Por eso nos cuesta salir de las típicas rosas y experimentar

Aitana Zaldúa

Pero dejemos de hablar de números. No hay nada menos romántico que hablar de dinero, sobre todo porque tratándose de flores, tampoco hay que dejarse una fortuna para sorprender a nuestra chica. “A las mujeres nos gusta más que nos regalen una sola flor que un ramo aparatoso”, confiesa Mayla Iammartino, dueña de la floristería Tiësto de Barcelona. “Los ramos demasiado grandes son para ponerlos en el hall de un hotel o en un restaurante, pero en casa no queremos que las flores sean algo aparatoso, sino un placer”. Primera lección aprendida en la búsqueda del regalo floral perfecto: el tamaño sí importa, no tanto su precio.

De los 87 euros de media que, según el gigante de compra online Rakuten, los hombres nos gastamos en San Valentín (108 si en lugar de tener novia estamos casados), todavía nos quedarán bastantes para ir de cena después de hacernos con esa sola flor que mantenga encendida la chispa. Eso sí, no vale una flor cualquiear. “En solitario solo aguantan las flores importantes y con mucha presencia”, advierte Aitana Zaldúa, responsable del madrileño taller de floristería Vinca per vinca y colaboradora habitual de diseñadores de interior como Tomás Alía. “Flores con mucha personalidad como la rosa, la orquídea o el lirio funcionan mejor cuando están solas. En ramos muy numerosos pierden su carácter, todo lo contrario que pasa con flores menores como las margaritas, que solas son muy tristes pero en ramo resultan muy poderosas”. Segunda lección aprendida: decide la cantidad según el tipo de flor que elijas.

Flores con mucha personalidad como la rosa, la orquídea o el lirio funcionan mejor cuando están solas. En ramos muy numerosos pierden su carácter, todo lo contrario que pasa con flores menores como las margaritas

Aitana Zaldúa, responsable de la floristería de referencia Vincapervinca

Lo mejor es que, pese a la creencia popular, no existe ninguna variedad de flor que no podamos regalar en San Valentín. “Las flores prohibidas no existen”, explica Mayla. “Todo depende de cómo las presentes y las trabajes. En Tiësto nos gusta arriesgar y animamos a los clientes a hacerlo. Como mucho evitamos los claveles, pero no porque estén mal, sino porque en España no gustan demasiado como regalo romántico”. Aitana se muestra de acuerdo con esta tesis. “El problema de San Valentín es que compran flores todos los que no las compran el resto del año. Por eso nos cuesta salir de las típicas rosas y experimentar. Si queremos salir del aburrimiento hay que dejarse aconsejar siempre por el profesional que trabaja con este producto todo el año”. Tercera lección: ser atrevidos… hasta cierto límite. “Antes de venir a la tienda es aconsejable enterarse si la persona que va a recibir el regalo tiene aversión por alguna flor concreta”, apunta Mayla. “En este todo vale es la única forma de no meter la pata”.

¿Significa esto que la rosa ha pasado a mejor vida? Ni mucho menos, ya que podemos ser originales sin dejar de lado la tradición. “El problema no es la flor, sino la variedad que utilicemos. A mi, por ejemplo, me horroriza la rosa freedom, que es la típica que tiene el capullo cerrado y se suele presentarse en ramos acompañados de paniculata blanca. Me parece un pecado”, cuenta Aitana. “Yo aconsejo comprar mejor rosas de jardín, que son más abiertas y aromáticas, o la grand prix, que tienen un tacto más aterciopelado y fresco. Y si no queremos que queden ramos muy monocromáticos, buscar el contraste con un verde helecho “. Esta vez, Mayla también coincide. “Nuestras variedades favoritas son la red Naomi y, sobre todo, la rosa esperance, que es una flor que va cambiando de color desde su centro, que es rojo, al exterior, que es blanco verdoso. Es una flor muy grande que, además, se conserva mejor porque no esta teñida”. Cuarta lección: aceptamos rosa (pero no cualquiera).

Puestos a ser originales, ayuda poner un centro, sobre todo de flores de bulbo: jacintos, narcisos, azucenas…

Aunque si de verdad queremos arriesgarnos, ambas artistas de la floristería tienen claro su consejo: comprar un centro. “Tenemos que abandonar el cliché de que el centro es eso que nos ponen en las mesas en las bodas”, explica Aitana. “Cuando hablamos de centros nos referimos a composiciones sobre una base de esponja que, al absorber el agua, evita que las flores se marchiten prematuramente, a diferencia de los ramos, que suelen ser más complicados mantener porque hay que ir cortando el tallo y cambiando el agua del jarrón cada día”. Desde Barcelona, donde “la celebración de Sant Jordi copa todo el negocio de las rosas” según palabras de la propia Maila, proponen otra alternativa. “Las flores de bulbo: jacintos, narcisos, azucenas… Sus composiciones son muy profundas y muy estéticas y también duran mucho”. Quinta lección: si nos gusta eso de amortizar las compras, esta es nuestra opción ideal.

Para terminar, un último consejo: encargarlo con antelación. Es la única manera de asegurarnos que por muy buenas que sean nuestras intenciones no acabemos regalando un ramo comprado en un supermercado (lo de robar en los jardines, por supuesto, queda descartado). De nuevo según Rakuten, el 41% de los españoles celebrará el día de los enamorados este año, no muy lejos del 44% de estadounidenses y muy por delante del 36% de ingleses o el 18% de alemanes. Sexta lección: luchemos contra nuestra propia naturaleza y no esperemos al sábado para comprar un ramo.

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