Columna
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El karma

En su próxima reencarnación serán la bola de estiércol del escarabajo. Se lo merecen

Cada Nochevieja me hago una lista de buenos propósitos para el año entrante. No suelen durar más allá de febrero. Abandonar los buenos propósitos debe de estropear el karma; lo mismo en mi próxima reencarnación seré un escarabajo pelotero pedaleando esforzadamente sobre su bola. Aun así, lo cierto es que el Sol lleva creciendo desde el 21 de diciembre, la vida se renueva y ansiamos cambiar. Pero luego la realidad se empeña en seguir siendo igual. Por ejemplo: los medios acaban de publicar con gran entusiasmo que la construcción vuelve a crecer por primera vez en seis años, y a mí esa noticia me produce un déjà vu escalofriante; el país está lleno de urbanizaciones fantasma a medio hacer ¿y otra vez nos vamos a lanzar a la fiebre fatal de las casitas? Somos unos yonquis del ladrillo y hemos ensangrentado la sociedad con el efecto colateral de los desahucios, una brutalidad que sigue en aumento pese a la ley hipotecaria del PP: si en los seis primeros meses de 2013 pusieron en la calle a 1.041 familias, en el mismo periodo de 2014 han sido 1.218. Este es mi deseo para el año próximo: que no haya ni un desalojo más. Y lo peor es que se puede hacer y no lo hacen. Consienten, consentimos esta barbarie inverosímil; nos hemos acostumbrado a lo aberrante. Pero a mí me gustaría pedir a los directos responsables, a los banqueros y a los políticos, que su buen propósito para 2015 sea poner fin a esta infamia; me gustaría recordarles que arrojar a ancianos y enfermos y niños a la intemperie y dejarles esclavizados a la deuda es algo muy feo y muy guarro. Aunque se digan a sí mismos mil excusas, arrastran todo ese dolor en sus conciencias y deben de tener el karma fatal. En su próxima reencarnación serán la bola de estiércol del escarabajo. Se lo merecen.

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