El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El retorno del cine español

Aumentan los espectadores y la taquilla; el marketing y los argumentos de 'thriller' convencen al público

MARCOS BALFAGÓN

Ha llegado por fin el año en el que Torrente no es necesario para mantener a flote el cine español. Las películas españolas atrajeron a 20 millones de espectadores (hasta el 30 de noviembre), que es el mejor nivel de afluencia en los últimos nueve años, con una recaudación de 123 millones de euros. La cuota de pantalla se ha elevado este año hasta el nivel insólito del 25,5%. El público vuelve a consumir cine español a pesar de un IVA elevado, la piratería que no cesa, la crisis que ha recortado la renta de los ciudadanos, las dificultades financieras para producir películas y la carencia (estructural) de una industria cinematográfica capaz de mediar en la financiación, en la producción y en la absorción de las pérdidas durante los periodos críticos. No es que el cine español goce de buena salud, ni de que súbitamente haya mejorado la calidad, sino que, probablemente, a falta de análisis de más largo alcance y sobre periodos más largos de tiempo, sus problemas no están donde muchos se lamentan y casi todos los buscan.

Tampoco es que la taquilla española se pueda permitir el lujo de prescindir del gran hit tipo Torrente; de hecho, 2014 es el año de Ocho apellidos vascos, un título arrollador e irrepetible a corto plazo. Pero sí que se aprecian orientaciones útiles para conjurar la crisis endémica del cine español. Una de ellas es sin duda el excelente esfuerzo de promoción de las películas nacionales triunfadoras en taquilla. En esta mejora promocional han influido mucho dos fenómenos relativamente nuevos: el apoyo de las televisiones que han coproducido las películas y la Fiesta del Cine (entradas a precios reducidos), que han contribuido a difundir la imagen de los productos españoles.

Y aparece otro cambio de rumbo que, esperemos, mejorará la percepción del cine español: las producciones abrazan con convicción el cine de género. Películas como La caja 507, No habrá paz para los malvados, La celda 211, El Niño o La isla mínima confirman al espectador que el cine español puede competir con el cine europeo (al menos) y con el americano (en ocasiones). La comedia (Ocho apellidos vascos) sigue siendo, si se admite la comparación, el equivalente al turismo de sol y playa; el thriller puede ser la veta feraz de la taquilla del futuro.

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