Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Enseñando a ahorrar a los más pobres

En Mozambique solo el 12% de los adultos hace uso de servicios bancarios formales

Uno de los retos de la investigación de la economía del desarrollo es demostrar la relevancia del ahorro. Desde hace tiempo, hay una tendencia a pensar que las propensiones de ahorro determinan la tasa de crecimiento de las comunidades.

Este verano tuve la oportunidad de participar en un proyecto de investigación en Mozambique sobre el papel de la tecnología en la mejora de la capacidad de ahorro de los pequeños empresarios, encargado por su Banco Central e implementado por la Universidade Nova de Lisboa (Portugal). Lo interesante de ese país es que se trata de la nación de África subsahariana que crece más rápido sin depender del petróleo: según el Banco Mundial, en las dos últimas décadas ha registrado una tasa de crecimiento anual de aproximadamente el 7,2%. No obstante, a pesar de esta sorprendente cifra, no ha conseguido crear una sociedad inclusiva. Más de la mitad de la población vive con menos de 50 céntimos de euro al día y tan solo el 12% de los adultos hace uso de los productos o servicios bancarios formales. De este porcentaje, el 77% vive en zonas urbanas.

La tecnología móvil, prevalente en África –tiene casi mil millones de usuarios–, ha permitido extender fácilmente los servicios bancarios a los pobres. Según estudios, en África subsahariana menos de uno de cada cinco hogares tiene una cuenta bancaria, pero en Kenia, por ejemplo, se han extendido los servicios bancarios móviles en poco más de 5 años al 70% de la población a través de sistemas que permiten administrar las cuentas bancarias en el terminal.

Realizamos el trabajo de campo del proyecto en Maputo, una ciudad en expansión con más de dos millones de habitantes, incluyendo el suburbio de Matola. El objetivo era medir las causas de los cambios en las tasas de ahorro. A través de una metodología de recogida de datos denominada Randomized Controlled Trial, seleccionamos al azar microempresas de los 23 mercados al aire libre: puestos de productos de belleza, de veneno para ratas, de alimentos... Formamos cuatro grupos con las siguientes intervenciones: banca móvil, educación financiera (enseñar conceptos como los costes directos, las ganancias y las pérdidas), banca móvil y alfabetización financiera, y un grupo de control sobre el que no se hizo ninguna intervención pero que permitió establecer comparaciones.

Recuerdo especialmente una de las entrevistas que hicimos: fue a una vendedora de comida en el mercado Xiquelene. El entrevistador del equipo le había explicado algunos términos: compras, costes, beneficio bruto y beneficio neto… Con gran sencillez, ella quiso demostrar que había entendido las explicaciones y exclamó: “¡Lo que me gustaría saber es cuánto dinero he hecho al final del día!”. Le replicamos que esto era posible en un período concreto (semanal, quincenal, mensual). Nuestra respuesta le satisfizo, pero yo aún intento buscar solución al problema que nos planteó.

En África subsahariana menos de uno de cada cinco hogares tiene una cuenta bancaria. Pero en Kenia, el 70% de la población cuenta con servicios bancarios móviles

El mercado de Zimpeto destaca por su tamaño. Los microempresarios tienen negocios más grandes porque conocen el terreno. Curiosamente, nos hacían preguntas antes de que les entrevistásemos. Una de las más difíciles era cómo podía beneficiar a su empresa nuestro estudio.

Un día, una de las investigadoras explicó a una vendedora de cereales –después de ganarse su confianza– que el beneficio neto podía ser decisivo para las inversiones de una empresa. La mujer nos miró fijamente y respondió: “¡Mira! Las ganancias no existen; solo hay movimientos de dinero. Comprar barato y vender caro, pagar salarios, la renta mensual y los impuestos mensuales del mercado. El mismo negocio me da de comer y paga los gastos de mis dos hijos, ya que soy madre soltera... ¿De qué beneficios me estás hablando?".

Me hizo darme cuenta de que los microempresarios no eran tan ignorantes como suponía. Una estudiante de Finanzas no habría contestado mejor, y eso que la vendedora no había pisado jamás una escuela de negocios. Tenía razón al referirse a movimientos; el término ganancias es una creación de los contables.

Los resultados del estudio, que se publicarán el próximo año, serán un paso más en el largo camino para comprender cómo fomentar el ahorro en las microempresas y cómo esto puede servir para implementar políticas que aseguren no solo el crecimiento económico de los países, sino el desarrollo económico de los más pobres en Mozambique, en toda África y también en el resto del mundo.

Godfrey Madigu es ayudante de Investigación en el Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, NCID, por sus siglas en inglés. 

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