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COLUMNA

Gravedad

El Ébola es una enfermedad de negros, una lacra africana, una amenaza viva de esa mitad del mundo a la que hemos condenado alegremente a la miseria, al hambre y a la muerte

Muchas de las cosas que están pasando en España son extremadamente graves, pero no irresolubles. La corrupción, la fragilidad del Estado, el desmantelamiento del estado del bienestar, la desconfianza que la Justicia inspira en la ciudadanía, los vicios del sistema que están a punto de deshauciarnos como país, durarán lo que duren en el poder sus responsables. No existen fórmulas mágicas, pero la introducción de medidas correctoras o, con suerte, la reformulación de nuestra democracia, podrá regenerar poco a poco el aire que respiramos. La semana pasada asistimos, sin embargo, a un hecho de gravedad superior y distinta, un problema que no tiene solución. Los 23 inmigrantes que estuvieron cinco horas abandonados en una playa canaria como una atracción de feria para bañistas curiosos, sin que nadie se atreviera a atenderlos por miedo a contagiarse de Ébola, ha sacado a la luz lo peor que llevamos dentro. Cataluña se independizará o no, la Infanta se sentará o no en el banquillo, Podemos ganará o no las elecciones, y todos seguiremos siendo blancos, occidentales, europeos, ricos incluso en nuestra pobreza. La imagen de 23 pantalones secándose al sol, 23 seres humanos en un camión de la basura, confirma la más repugnante de las sospechas. El Ébola es una enfermedad de negros, una lacra africana, una amenaza viva de esa mitad del mundo a la que hemos condenado alegremente a la miseria, al hambre y a la muerte. Por eso da igual que los especialistas adviertan que su contagio es difícil, que la gripe común matará a muchos más españoles este año, que donde hacen falta recursos es en África y no aquí. Se diría que las enfermedades de blancos hacen menos daño, que provocan muertes más limpias. Muchas de las cosas que están pasando en España dan vergüenza. A mí, ninguna me había dado tanta como ésta.

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