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EDITORIAL

Grave situación del PP

Uno de los partidos clave para la estabilidad debe reaccionar con urgencia al aluvión de críticas

El hundimiento del Partido Popular en los sondeos confirma la grave situación en la que este partido va a abordar el año electoral de 2015, con todo su poder en juego tanto en municipios y autonomías como en el Gobierno del Estado. No es una sorpresa absoluta, dado que la intención de voto venía cayendo en anteriores sondeos y el PP había recibido un serio aviso en las urnas de mayo pasado, de las que se borraron 2,6 millones de los votantes que tuvo en las anteriores europeas. Pero sí es la confirmación de las graves dificultades en que se encuentra y la sospecha de que camina hacia su destrucción si no reacciona con extrema urgencia.

Que la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, hable de un barco que “parece que se va a hundir” no suena solo a justificación de la negativa a saltar del navío vapuleado por la tempestad, sino a constatación de lo mal que se ven las cosas por parte de una de las escasas figuras del PP que no se muerde la lengua en público, hasta el punto de que se dice obligada a seguir en la brecha.

El desgaste afecta seriamente al presidente del Gobierno, a juzgar por su baja valoración y la rotundidad del juicio negativo que el Ejecutivo merece a los sondeados en las encuestas. Mariano Rajoy ha tenido que enfrentarse a situaciones objetivamente muy difíciles para España (la crisis del euro, la tormenta financiera), pero lo ha hecho encerrado en su despacho o en rígidas y escasas comparecencias, y rehuyendo el debate amplio y la explicación pública. Entretanto, la cúpula de su partido permanece a la defensiva frente al aluvión de casos de corrupción que manchan su imagen.

El Gobierno lo ha fiado todo a una recuperación económica que cursa con lentitud e incertidumbres. El partido gobernante no intenta convencer de sus argumentos, ya sean presupuestarios o de regeneración democrática, sino que utiliza mecánicamente la mayoría absoluta. Frente al envite soberanista en Cataluña usa, con razón, armas jurídicas, pero elude, equivocadamente, cualquier otro debate a la altura de la avería en el consenso democrático revelada por los intentos de secesión. Y a las propuestas de reforma de la Constitución, Rajoy responde que se las expliquen y ya se verá, como si sobrara el tiempo y a él mismo no le correspondiera tomar la iniciativa. Pero la política tiene horror al vacío y la incomparecencia frecuente del PP en los debates públicos lastra sus posibilidades de recuperación.

Vista la incapacidad del Gobierno y del partido que lo sustenta para explicar y convencer, una parte de los ciudadanos tratan de dar un poco de sentido a todo lo que no entienden de las crisis económica y política comprando el discurso de los que cargan todas las culpas al supuesto colapso del “régimen del 78”. Sería muy negativo abrir un boquete en la deseable estabilidad de España dejando paso franco a propuestas tan confusas como indeseables. Si el PP no cambia muy pronto de estrategia, ese peligro podría llegar a materializarse.

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