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EDITORIAL

Hora crítica en RTVE

Tras la dimisión del presidente, Rajoy debe aclarar qué modelo de televisión pública quiere

Dos años después de haber sido nombrado, Leopoldo González-Echenique se ha convertido en el tercer presidente de RTVE que abandona voluntariamente el cargo desde que se creó la corporación estatal, en 2006. La negativa del Gobierno a conceder una subvención extraordinaria para financiar la radio y la televisión pública ha sido el detonante de una decisión que sume aún más en la incertidumbre el futuro del grupo audiovisual. González-Echenique ha dicho sentirse “decepcionado” y “engañado”, en especial por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al que acusa de no cumplir la promesa de nuevos ingresos para RTVE este año. Un ejemplo del grado de frustración al que ha llegado es la reunión de ayer del Consejo de Administración, en la que el aún presidente se abstuvo al votar el presupuesto de 2015.

RTVE ha sido una de las empresas públicas que más severamente ha sufrido los ajustes. La llegada de González-Echenique a Prado del Rey coincidió con un recorte de 200 millones, a los que se sumaron otros 50 al año siguiente. Además de la menor subvención estatal —lo que técnicamente se denomina compensación por el servicio público—, RTVE ha visto cómo la crisis ha provocado también importantes mermas en otra de las fuentes de ingresos: las tasas que pagan las televisiones privadas y operadores de telecomunicaciones. Para eludir el riesgo de disolución, RTVE recibió este verano 130 millones de euros, pero necesitaba otros tantos para acabar el año, y no han llegado.

Más allá de los problemas financieros de índole coyuntural, el Gobierno tiene que definir qué televisión pública quiere. Si apuesta por un modelo de calidad, estable y capaz de vertebrar la sociedad, que sea creíble y tenga audiencia, o por una televisión testimonial, intrascendente y ajena a las inquietudes de la gente. Los datos demuestran que RTVE está en uno de los peores momentos de su historia en cuanto a audiencia; ha perdido el liderazgo de los informativos y además ha entrado otra vez en pérdidas.

En esta coyuntura, Rajoy debe proponer un nuevo presidente del ente que cuente con el apoyo del principal partido de la oposición y el máximo consenso parlamentario posible, volviendo al espíritu de la ley que en 2006 tenía por objetivo desgubernamentalizar la televisión pública. De lo contrario, quedará la sospecha de que RTVE es vista solo como un instrumento al servicio del partido del Gobierno.

 

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