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Revista de verano

Philip Seymour Hoffman excluye a sus hijos de su herencia

El actor dejó escrito que no quería que los niños se convirtieran en “unos malcriados”

Philip Seymour Hoffman, en el último festival de cine de Sundance.
Philip Seymour Hoffman, en el último festival de cine de Sundance. AP

La prematura muerte de Philip Seymour Hoffman dejó una profunda huella de dolor en Hollywood. Y también una cuantiosa herencia, cifrada en 35 millones de dólares (26 millones de euros). La revisión de sus últimas voluntades en una testamentaría neoyorquina el viernes pasado reveló que el actor ha preferido no dejar ni un céntimo a sus tres hijos porque “no quería que se conviertan en unos niños malcriados”. El dinero en su integridad irá a manos de Mimi O’Donnell, la que fue su pareja durante 14 años y con la que tuvo a toda su prole.

El contable del llorado actor, David Friedman, fue citado por el tribunal para dirimir cuál es la mejor manera de proteger los intereses de sus herederos naturales: su hijo Cooper (10 años) y sus hijas Tallulah (7 años) y Willa (5 años). Según recogen los papeles e informa The New York Post, su gestor le propuso la idea de abrir un fondo fiduciario a nombre de los niños en 2013 y el intérprete rechazó la idea de plano.

En su declaración, Friedman puso de manifiesto que “Hoffman trataba a Mimi O’Donnell de la misma manera que si fuera su esposa” y que tenía la convicción de que “ella cuidará a los niños”. El actor y la diseñadora de vestuario se conocieron en 1999, en la obra teatral In Arabia we’d all be kings, que él dirigía. Nunca se casaron “porque él no creía en el matrimonio”. Su separación se produjo el invierno pasado, unos pocos meses antes del fallecimiento del actor por sobredosis a la edad de 46 años. Tras su muerte, los medios se harían eco de su marcha del hogar familiar (un apartamento en Manhattan valorado en más de tres millones de euros), atribuyéndola al hartazgo de su pareja, que le habría echado de casa por no controlar su problema con las drogas.

Él mismo reveló en 2006 que abusó del alcohol y otras sustancias en su época universitaria y que eso le llevó hasta rehabilitación con 22 años. Tras el estreno de The master, tras más de 20 años sobrio, recayó en la bebida y la heroína. Con su desaparición dejó inconcluso el rodaje de Los juegos del hambre: Sinsajo 2, para el que había rodado la mayoría de sus escenas y que ha sido finalizado gracias a la recreación digital de su personaje. También dejaba pendiente su segunda película como director, Ezekiel Moss, un drama centrado en los años de la prohibición sobre una viuda que se enamora de un vagabundo con capacidad para conectar con los espíritus. Iban a protagonizar el proyecto Amy Adams y Jake Gyllenhaal, pero quedó aparcado tras su fallecimiento.

La otra preocupación sobre cómo quería que se criaran sus hijos la dejó escrita en 2004, cuando solo había nacido el primogénito, Cooper. “Quiero que crezca en Manhattan, Chicago o San Francisco; que viva expuesto a toda la cultura, arte y arquitectura que tienen que ofrecer estas ciudades”.