¡Queremos consenso, sectarios!
En la noche electoral, una vez conocidos los resultados, todos los candidatos a la presidencia del Gobierno que resultan vencedores salen al balcón (siempre hay un balcón populista) y dicen: “gobernaremos para todos”.
¡Mentira!
Si de algo adolece la clase política patria es de sectarismo. Unos y otros gobiernan para los suyos de toda la vida y para aquellos que les garantizan los votos necesarios para gobernar.
Por este motivo las leyes duran tan poco en España: se hacen para los amigos y sin acuerdos. Sin embargo, muchos somos partidarios del consenso, de ceder y conseguir un avance parcial duradero antes que uno triunfal y completo, pero estéril y efímero.
¡Ya está bien! Somos 45 millones de personas y la forma de ponernos de acuerdo reside en la cesión y el consenso. Empecemos por ser exigentes con nosotros mismos. Dice Javier Gomá, probablemente la mente más lúcida de nuestro país, en su libro Ejemplaridad pública: “Una república solo es gobernable a la larga si está mayoritariamente formada por ciudadanos evolucionados, dispuestos a comprometerse éticamente y a renunciar o posponer, por propio convencimiento cívico y sin coerción externa, a la gratificación estético-instintiva inmediata”.— Pedro Blanco.


























































