Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EDITORIAL

Se acabó la recesión

España deja atrás nueve trimestres negativos, pero una demanda débil aplaza la recuperación

El Banco de España adelantó ayer que la economía española ha crecido en el trimestre pasado un 0,1% intertrimestral, aunque en tasa interanual el PIB se habría contraído un 1,2%. Confirma así la presunción general de que la recesión ha terminado. Atrás quedan nueve trimestres consecutivos de crecimiento negativo; pero no nos esperan ritmos expansivos de cierta significación en los próximos trimestres. No serán suficientes para que se pueda reducir de forma apreciable el principal desequilibrio, el desempleo. Confiar en el asentamiento de la recuperación ahora insinuada en esos datos trimestrales no implica en todo caso que en el próximo año la economía vaya a superar ese crecimiento del 0,7% que el Gobierno ha incorporado como hipótesis macroeconómica central en los Presupuestos.

Del informe del Banco de España se deduce que casi todos los indicadores son menos malos que los registrados hace un año; y que la tendencia trimestral es igualmente favorable, aunque de intensidad moderada. El empleo ralentiza su ritmo de descenso, lo que no impide que la contención salarial siga siendo la nota dominante. Esto, junto al aumento de la productividad (aunque más moderado), explica el buen comportamiento de los costes laborales unitarios, esenciales para mantener la competitividad internacional de las exportaciones. El sector exterior sigue siendo el verdadero motor de la recuperación. Según el Banco de España, la demanda exterior neta habría elevado su protagonismo en el PIB, con una contribución de 0,4 puntos porcentuales.

Pero durante el trimestre pasado no se perciben mejoras en el comportamiento de la demanda interna, esencial para que la economía asiente ritmos positivos de crecimiento. En realidad, su retroceso habría sido similar al del trimestre precedente, en torno a un 0,3% intertrimestral. No solo el descenso de la renta disponible ayuda a explicar esa menor demanda de consumo por las familias y la tibia recuperación de las inversiones empresariales; la confianza en la evolución futura tampoco acompaña. La frontera entre el final estadístico de la recesión y la expansión perceptible por la mayoría de las empresas y familias puede ser amplia. Las mejoras continuas en el empleo, variable esencial para confirmar la recuperación, tendrán lugar cuando las empresas perciban que hay demanda para sus bienes y servicios. Ello permitirá elevar contrataciones y mejorar las rentas. Y con ello afianzar la solvencia y mejorar la capacidad de atención del elevado endeudamiento privado.

Está en lo cierto el Banco de España al advertir de que “el bajo nivel de renta, las todavía desfavorables perspectivas del mercado laboral y el elevado endeudamiento de las familias no permiten prever una recuperación sensible del consumo a corto plazo”. Si esa recuperación no llega, será difícil que en los próximos trimestres los progresos estadísticos se traduzcan en una mejora del estado de ánimo y del bienestar de la mayoría de los agentes económicos.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.