No es casualidad
Leo el artículo Mujercitas, de Santiago Roncagliolo, y pienso que no son casuales los modelos Disney –en genérico, no solo los de la factoría– de mujer (ni de hombre) que se nos proponen desde los medios. No son casuales los colores que visten a las heroínas, ni sus voces, ni sus deseos, ni sus pensamientos, ni, desde luego, sus ropas o complementos. No sé de qué se extraña, señor Roncagliolo: piense en corsés, fajas, sujetadores, faldas tubo, pantalones estrechísimos y ¡cómo no! en esa tortura elevada a los altares de lo femenino y del fetichismo que son los tacones. El sufrimiento no es solo de la columna vertebral y los metatarsianos, sino de un cuerpo aprisionado que no puede expresarse en libertad. No estoy muy segura de que haya diferencias para las mujeres entre querer ser princesas o víctimas de la moda. Cuide a su niña, señor Roncagliolo, o mañana será una mujer con ropa a la última, pero sin cabeza.


























































