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CARTAS AL DIRECTOR

Desempleados invisibles

No soy joven, y no he decidido aún convertirme en empresaria, por lo que ninguna medida aprobada por este Gobierno me beneficia. No tengo trabajo y hasta el último contrato he formado parte de un sector donde el índice de desempleo se ha incrementado en el último año en un 22,8%, según el Informe Anual de la Profesión Periodística de 2012. No he sido considerada plantilla estructural de la última empresa en la que he trabajado durante seis años, por lo que ni siquiera consto como despido y no tengo el respaldo de comité de empresa ni de sindicatos. No vivo una situación económica dramática. Afortunadamente no van a desahuciarme, ni tengo deudas, ni necesito de la caridad para alimentarme cada día, por lo que ningún movimiento social será altavoz de mis demandas y ningún programa querrá que cuente mi situación. Nunca he tenido padrinos, nunca he medrado y no me he beneficiado de ningún trato de favor. Nunca he cosechado enemigos y no he formado parte de ninguna trama de corrupción, así que tampoco por ese lado caerá sobre mí el foco de atención. Nunca he sido mala profesional, aunque tampoco la más brillante. A lo largo de todos mis años de contratos he sido una más de la masa de trabajadores competentes y formados que realizan su trabajo con eficacia. Probablemente ninguna empresa pública o privada podría funcionar sin gente como yo pero me temo que ninguna me contrataría hoy.

Me considero una persona preparada con capacidad para desmontar el discurso oficial que me convierte en una incompetente por no haber conseguido mantener mi puesto de trabajo o lograr uno nuevo inmediatamente. Pero la realidad está ahí. No hay sitio para mí en el mercado de trabajo. Soy prescindible, soy invisible y nadie dará la cara por mí.— María del Mar Pino Monteagudo.

 

 

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