Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

El cierre de la central de Garoña

En el conflicto sobre el cierre (o no) de la central nuclear de Garoña no se habla más que del dinero que las eléctricas pierden y los pulsos que estas echan al Gobierno, acostumbradas a tener siempre bajo su influencia a los dirigentes del país. Se señala el “mal precedente” que se da a la energía atómica con el cierre de esta instalación, pero el lobby nuclear sabe de sobra que mantener Garoña abierta no genera más que gastos. Es una central obsoleta, con su tiempo de vida más que sobrepasado y con una producción mínima de energía (menos de la mitad de megavatios que cualquiera de cada una de las centrales que quedan en el parque nuclear del país). Por eso no va a ser problema cerrarla, lo mismo que no fue problema cerrar la central José Cabrera, en Zorita, con una potencia de 150 megavatios. No era rentable y punto. Los grupos ecologistas seguramente se apuntarán un tanto, pero es un tanto mínimo.

Francia está apostando por la energía nuclear y poco podemos hacer aquí con el cierre de pequeñas centrales para “ensombrecer el futuro nuclear”. España no es nada en este sector comparado con el país vecino.

Si Francia sigue apostando nuclear, el cierre de una minicentral no significa nada. Ni en el Estado español ni en ningún sitio. Solo la apuesta por inversión en renovables podría hacer sombra a la energía atómica, pero esto significa apostar por I+D y ya sabemos que el Gobierno de Rajoy no quiere ni oír hablar de ello. Por tanto, lo único que se va a conseguir con el cierre de Garoña es que otras 800 personas engrosen la lista de desempleo en este país, las eléctricas se ahorren un buen pellizco en impuestos que no les servían para nada y encima se rasguen las vestiduras invocando lo mal que las trata el Gobierno... Ver para creer.— Lola Pereira. Salamanca

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La central nuclear de Santa María de Garoña cerrará porque las nuevas tasas que el Gobierno aplicará la hacen no rentable. Su energía tendrá que ser sustituida por otra más cara, lo que es malo para España.

Las tasas no obedecen a la repercusión de los costes de servicios recibidos, sino a la necesidad de recaudar más dinero para eliminar el déficit de tarifa creado por la pésima gestión que los Gobiernos han hecho del mix energético, que tiene como fin producir electricidad de distintas maneras para asegurar el suministro a un precio bajo. Como lo han hecho mal, se implantan nuevas tasas y se mantienen unas altas subvenciones. Esto llevará al cierre de centrales que producen más barato que muchas de las que permanecerán.

El Estado perderá los ingresos que obtenía de la central, que daba beneficios, desaparecerá su inversión privada, se destruirán puestos de trabajo y se incrementarán los gastos del paro. Todo ello es malo para España y lo terminará pagando el ciudadano.

En lugar de gestionar eficientemente el dinero de los ciudadanos para prestarles buenos servicios, el Estado gestiona el corto plazo, sin más responsabilidad que la pérdida o ganancia electoral. La clase política no disminuye y mantiene su impunidad ante su mala gestión. Se ha pasado del Estado despilfarrador al Estado depredador.

¿Podremos disfrutar alguna vez del Estado inteligente?— James Galbally Gutiérrez.

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