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América ya tiene nueva novia

Su vida bucólica y pastoril ha elevado a Taylor Swift a los altares del pop

Una reina amable y sosa que ha conquistado a un Kennedy

Taylor Swift, a su llegada a los premios MTV en Los Ángeles, el 6 de septiembre. Ampliar foto
Taylor Swift, a su llegada a los premios MTV en Los Ángeles, el 6 de septiembre. REUTERS

La delicada joven de cabello dorado como el sol lo ha logrado ya todo en la vida: ha vendido 1,2 millones de álbumes en una semana en plena era de Internet y de descargas ilegales, el año pasado ingresó 56 millones de dólares, ha recibido seis grammys, ha salido con los actores y cantantes más deseados por las adolescentes de medio planeta y ha llegado a introducirse discreta y calladamente en el clan Kennedy. Más alto no se puede llegar. Es, oficialmente, la nueva novia de América.

Su último disco, Red, publicado el 22 de octubre, llegó inmediatamente al número uno en las listas de éxito norteamericanas. La semana pasada ejerció de protagonista indiscutible en los MTV Europe Music Awards; se llevó tres galardones, venciendo a una de sus archienemigas, Rihanna.

Con su apariencia de niña buena, y su capacidad de sorprenderse de su propio éxito y su propia riqueza en cada entrevista que concede, a Taylor Swift (Pensilvania, 1989) le ha sido fácil ascender al trono del pop. Hace solo unos años peleaba por él una horda de damas de la noche, dadas a una disoluta vida social y de cualidades vocales pobres cuando no inexistentes. Tras Britney, Paris y Lindsay, Taylor es un ángel redentor, y una muy eficiente mujer de negocios. Ni siquiera Madonna ha tenido dos discos que hayan vendido más de un millón de copias en su primera semana.

Ethel, la viuda de Robert F. Kennedy, dijo recientemente en una gala que la familia "se sentiría muy afortunada" de tener en la familia a Taylor Swift

Hay algo que une a Madonna con Swift: ambas han salido con un Kennedy. A la última se le conoce una relación, que no se sabe bien si está viva o muerta, con un benjamín de la familia: Connor, de 18 años, nieto de Robert F. Kennedy, el senador y candidato presidencial asesinado en 1968. Se les vio juntos durante tres meses. Luego dijeron que habían roto, pero los tabloides norteamericanos no se lo acaban de creer.

Se les ha visto juntos, y muchos tertulianos del cuché americano consideran que llevan el romance a escondidas para evitar a las legiones de paparazis que les persiguen allá adonde van. De hecho, Taylor, a sus 22 años, se ha comprado una mansión en Hyannis Port (Massachusetts), justo al lado de una de las residencias del clan Kennedy. El precio: 4,8 millones de dólares. Taylor también debe ser buena regateando, porque el precio de salida de la casa era de más de 13 millones.

Ethel, la viuda de Robert F. Kennedy, dijo recientemente en una gala que la familia "se sentiría muy afortunada" de tener en la familia a Taylor. Y eso a pesar de que tiene cierta fama de devoradora de hombres, o más bien devoradora de jóvenes. Primero se la vio con Joe Jonas, en 2008. Ahí no pasó nada porque Jonas entonces era virgen confeso, de los que se guardan para el matrimonio. El joven cantante llevaba entonces lo que se llama un "anillo de pureza", una joya diseñada para mostrarle al mundo el orgullo de la castidad. Ese anillo desapareció del dedo de Jonas hace aproximadamente un año, al parecer desterrado por un despertar sexual algo tardío.

Imán de envidias

Tener mucho éxito despierta muchas envidias. Hubo alguien a quien no le gustó que en 2009 Taylor Swift ganara un premio al mejor vídeo en los Video Music Awards de la cadena MTV. El verborreico rapero Kanye West irrumpió en el escenario y dijo: "Taylor, estoy muy feliz por ti, pero Beyoncé tenía uno de los mejores vídeos de todos los tiempos".

Los vítores se fundieron con los abucheos. La pobre Taylor se quedó congelada, con un largo vestido de pedrería y el premio en la mano, como si la hubieran abandonado a la puerta del baile.

Al año siguiente, Taylor se vengó. Los ejecutivos de MTV habían buscado un dueto entre los dos cantantes. Taylor se negó. En lugar de ello, después de que se emitiera un vídeo sobre el incidente del año anterior, cantó un tema, titulado 'Innocent', en el que le dedicó a Kanye algunas perlas: "Lo que hiciste no te define... Tienes 32 años y aún estás creciendo... Todos hemos cometido errores".

Le perdonaba. Toda una lección de madurez de una joven en la veintena a un rapero conocido por sus malcriados exabruptos.

Luego, en 2009, se vio a Taylor Swift con Taylor Lautner, el musculado lobo precoz de Crepúsculo. Eran Taylor y Taylor. Todo era perfecto, de foto promocional. Hasta aparecieron juntos en la película Historias de San Valentín, donde se besaron para envidia de las muchas fans del joven licántropo.

Posteriormente se ha visto a la cantante con señores de repu­tación diversa, como John Mayer, Jake Gyllenhaal, Justin Bieber y Justin Timberlake. Con algunos ha salido. Con otros no. Ella no suele hablar de su vida personal, y deja que los rumores caigan por sí solos. Al fin y al cabo, ha posado para fotos hasta con Danny DeVito, y eso no significa que la pobre Taylor Swift haya tenido nada que ver con el divorcio del afamado actor y Rhea Perlman.

No hay nada en la vida de Tay­lor que no sea bucólico y pastoral. Quiere la leyenda que comenzara a escribir canciones a la tierna edad de cinco años. No hay pruebas de ello, así que habrá que creer a las hagiografías que sus fans hacen circular por Internet. Lo que es seguro es que a los 13 firmó su primer contrato musical, con la discográfica RCA. Hubo cierta tensión, porque la precoz Taylor no quería cantar los temas de otros compositores. Así que rompió el contrato y firmó por Sony. Fue la artista más joven en entrar en el elenco de la compañía.

Taylor comenzó en el mundo del country y ganó su primer premio Grammy, a la mejor nueva artista, en 2007. Tenía 17 años. Dos años después sería portada de Rolling Stone y mutaría lentamente hacia el pop más generalista, donde reina ahora, como si tuviera un anillo que los domina a todos. Solo cabe esperar que ese anillo no sea el que se le perdió el año pasado a Joe Jonas.

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