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EDITORIAL

Fútbol ejemplar

El triunfo de España en la Eurocopa consagra a la mejor generación de jugadores de Europa

La selección española de fútbol logró ayer su tercera Eurocopa después de ganar a Italia por 4-0 en un partido brillante y sereno, dominado en todo momento por los centrocampistas mágicos de España. Esta no solo es la mejor generación de futbolistas españoles sino probablemente la mejor de Europa desde que se tiene memoria histórica del fútbol de competición. Los hechos avalan esa afirmación. España ha ganado de forma consecutiva la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010 y ahora, otra vez, la Eurocopa de 2012. Es una sucesión de éxitos que ningún otro equipo nacional había alcanzado antes, ni en Europa ni en América Latina. Muchos de los que ayer conquistaron el fútbol europeo jugarán en el Mundial de Brasil de 2014.

España ha abrumado en la final del campeonato con un fútbol de alta escuela, casi operístico, al nivel de talento, precisión y serenidad que solamente se había apreciado antes en el equipo de Brasil de 1970. La selección española de fútbol, dirigida con sensatez y asombrosa eficacia por el seleccionador Vicente del Bosque, ha conseguido revolucionar los patrones del fútbol mundial. Todos los equipos intentan aproximarse al juego español, porque ha logrado coordinar un talento deslumbrante con la defensa más efectiva de los últimos campeonatos de fútbol.

Pero hay algo más que argumentos futbolísticos. Los éxitos del fútbol español constituyen un alivio indirecto, aunque efímero, a las destructivas consecuencias de la recesión y el paro que está sufriendo la sociedad española. El fútbol no es el sustituto de la buena gestión política ni de la prosperidad económica, ni debe ser un motivo para exigirlas, pero puede inyectar dosis de autoestima en momentos difíciles.

Sobran razones para reclamar esa autoestima. El equipo español ha hilvanado el fútbol más brillante del mundo con un comportamiento muy correcto dentro y fuera del campo, con juego limpio y un respeto exquisito hacia sus contrarios. No es solo talento profesional; los futbolistas españoles han sido ejemplo de deportividad. Es significativo que la rivalidad, agria en ocasiones, entre los dos grandes equipos que dominan la Liga española se haya diluido en colaboración plena dentro del equipo nacional. Y lo mismo ha sucedido con las tensiones nacionalistas, evidentes en el ámbito político, pero inexistentes en la selección.

El triunfo de España exige un reconocimiento público para los jugadores (emocionante el pasillo deportivo que hizo ayer a la derrotada Italia), para el entrenador (Vicente del Bosque) y para el equipo técnico que ha gestionado los talentos, los egos y las habilidades excepcionales de sus futbolistas. También para todos los niveles profesionales del fútbol español; sin canteras dirigidas con paciencia y talento, sin entrenadores preparados, no se hubiera conseguido el éxito en la cúspide. Pero no se olvide tampoco que el fútbol español tiene cuentas pendientes que resolver. El principal es una burbuja que empuja los costes muy por encima de los ingresos potenciales.

 

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