"No creo que puedan matar a todas las ratas"

Efectivos del Servicio de Limpieza Urgente de la capital empiezan a retirar las toneladas de basura de El Gallinero.- Las excavadoras se mueven entre las viviendas ante la mirada indiferente de los pobladores, mientras los roedores muertos se pudren al sol

El Gallinero se ha despertado hoy con el sonido de las excavadoras, que han tomado el poblado chabolista madrileño ante la mirada indiferente de sus moradores. Las toneladas de basura e inmundicia que se acumulan en la zona, en un extremo de la Cañada Real y aneja a la autovía de Valencia (A-3), han comenzado a desaparecer. Desde primera hora de esta mañana, efectivos del Servicio Especial de Limpieza Urgente (Selur), perteneciente al Ayuntamiento de la capital, se están encargando de retirar la basura, incluidos kilos y kilos del plástico que recubren los cables de cobre que algunos de los habitantes de la zona se dedicaban a robar.

Son tantos los recubrimientos de cable de cobre que están retirando que sobresalen de los camiones, que se van del poblado llenos y vuelven vacíos en un continuo trajín. Son unos 20 vehículos del Selur que, según una vecina de la zona, han empezado a trabajar a las ocho de la mañana. Para recoger la basura, se están usando también cuatro excavadoras. A esta vecina, más que la basura, lo que le preocupa es "la plaga de ratas" que sufre esta zona, la más pobre de la Cañada. "No creo que puedan matar a todas las ratas", comenta esta vecina. Tiene hijos menores y teme que les muerdan y les contagien enfermedades. La semana pasada desratizaron la zona en la que juegan los niños del asentamiento, pero según esta mujer sigue habiendo roedores. Por el momento, se están centrando al final de calle y en la zona de la carretera y alrededores, no en las casuchas de tablas de madera que componen el poblado. Decenas de habitantes del lugar, en su mayoría de origen rumano, contemplaban el inicio de unas labores que, según los efectivos de la zona, tendrán una duración de unas tres semanas.

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Al mediodía el hedor es insoportable. Los más de 30 grados de temperatura hacen que la basura despida unos vapores pestilentes, lo que empeora cuando las palas y excavadoras mueven los montones de chatarra y desechos. Los cadáveres de las ratas muertas se recalientan y descomponen al sol mientras los niños desnudos corren con los pies descalzos de una vivienda a otra. Cerca de la montaña de basura, Mónica destripa un pollo para el almuerzo en una mesa en plena calle. En la zona trasera, donde acaba el campamento por el oeste, otra chica de 23 años arroja garrafas de agua por las ratoneras, lo que hace días provocaba que las ratas salieran huyendo por las otras entradas de la madriguera. Hoy no sale ninguna. "Da igual que eches agua, porque están muertas dentro y ya no se pueden sacar", explica esta vecina.

Una vez limpia la zona se mantendrá la recogida de basura y la limpieza en el lugar, algo que ya se hacía en la calle adyacente de manera semanal. La actuación de las Administraciones para sanear el asentamiento, en el que viven unas 400 familias, es una vieja reivindicación de los voluntarios de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada. "Las condiciones higiénicas en las que viven más de 200 menores son una auténtica vergüenza", insisten los voluntarios, que llevan años trabajando con los niños, incluida la atención pediátrica o las clases de refuerzo escolar.

Reunión con Botella

La concejal del ramo, Ana Botella, ha exigido esta mañana un compromiso por parte de los vecinos y los voluntarios para mantener el Gallinero limpio. "Nosotros lo estamos limpiando, pero exigimos el compromiso de mantenerlo limpio, esperamos que los voluntarios [de las parroquias de la zona Santo Domingo de la Calzada y de San Carlos Borromeo] cumplan su palabra", ha señalado Botella antes de asistir una conferencia en el CEU. "Llevamos dos años limpiando de forma periódica, les pusimos grandes contenedores pero ellos no los usan. Esperamos que estos nuevos voluntarios se hagan responsables, porque hay personas allí que desgraciadamente no tienen una serie de hábitos, y les van a ayudar a adquirir ese hábito fundamental de depositar los residuos en la zona habilitada". "Hay nueve maquinas y 20 personas que van a trabajar durante los días que sean necesarios para limpiar la zona", ha añadido Botella.

La decisión municipal de ordenar una operación limpieza tiene un prólogo. Los voluntarios de las dos parroquias se reunieron con Botella el 26 de mayo. "Nos mandarán en una semana un calendario de actuaciones para limpiar las partes más sucias: la vaguada y el lateral del poblado, que es donde se acumulan las ratas", explicó el párroco Javier Baeza. La Concejalía de Medio Ambiente no facilitó información. Tampoco aclararon por qué se ha demorado tanto una actuación "urgente" para garantizar a los habitantes de El Gallinero "los servicios básicos de salubridad, dignidad y seguridad" que se aprobaron en el pleno del 27 de enero de 2010, hace año y medio.

Lo que sí dice es que gracias a ese acuerdo se limpia una vez por semana la calle y se recoge la basura de los contenedores. La última vez que limpiaron las montañas de cable pelado y basura donde campan los roedores junto a los niños fue en 2008. Se retiraron 130 toneladas de basura. Los voluntarios de El Gallinero reclaman una limpieza más continuada, la instalación de letrinas, la desratización del terreno o la instalación de puntos con agua potable. Condiciones para dar una pátina de dignidad al poblado que, de momento, tendrán que esperar.

Una pala retira escombros y basura durante el primer día de la operación limpieza en el este poblado chabolista de Madrid.
Una pala retira escombros y basura durante el primer día de la operación limpieza en el este poblado chabolista de Madrid.SAMUEL SÁNCHEZ
Lucía, rumana de 44 años, tiene cinco hijos y 24 nietos. La mitad viven en el poblado chabolista de El Gallinero. La mujer comparte su chabola de dos camas con su marido y cuatro nietos. Su casa es de las pocas con paredes de ladrillo. Lucía no quería madera para evitar incendios como los de otras casas. "Tengo miedo del fuego", susurra.
Lucía, rumana de 44 años, tiene cinco hijos y 24 nietos. La mitad viven en el poblado chabolista de El Gallinero. La mujer comparte su chabola de dos camas con su marido y cuatro nietos. Su casa es de las pocas con paredes de ladrillo. Lucía no quería madera para evitar incendios como los de otras casas. "Tengo miedo del fuego", susurra.GORKA LEJARCEGI

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