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Análisis:

Un sueño de terror cumplido

Bin Laden ha cumplido su objetivo de internacionalizar la yihad en todo el mundo

Diez años ha tardado el Ejército de los Estados Unidos y una larga cohorte de agencias de inteligencia comandada por la CIA en localizar y asesinar a Osama Bin Laden, de 54 años, hasta hace unas horas el hombre más buscado del planeta. Ni la recompensa de 50 millones de dólares que se ofrecía en la página web del Federal Bureau of Investigation (FBI) sirvió para que el país más poderoso descubriera en un tiempo razonable al hombre que desde el ataque de Pearl Harbour, en diciembre de 1941, le había asestado el golpe más duro al derribar las Torres Gemelas y asesinar a casi 3.000 personas.

El terrorista saudí ha sido localizado en Abottabad, localidad al norte de Pakistán, a unos 80 kilómetros de Islamabad, en un lujoso barrio donde nadie hubiera imaginado que se ocultaba este hombre alto y desgarbado que durante veinte años y, según el testimonio de numerosos yihadistas detenidos, se alimentaba de verduras, yogur, sopa y pan afgano, sin probar jamás la carne. Su delicado estado de salud podría explicar porqué un hombre que durante sus largos en años Yemen y Afganistán dormía en el suelo, sin luz eléctrica ni muebles, se encontraba la pasada noche en una casa confortable en los alrededores de Islamabad. Cuando residía en Arabía Saudí y trabajaba para el imponente imperio familiar de la construcción que creó su padre sacaba los fines de semana a sus hijos de la lujosa vivienda familiar y le obligaba a dormir a la intemperie en la arena del desierto. Quería que se curtieran y alejaran de las comodidades.

El testimonio de su médico personal, el yemení y ex preso en Guantánamo Ayman Sabed Batarfi, de 41 años, asegura que Osama caminaba 30 kilómetros diarios en los montañas de Tora Bora cuando las tropas norteamericanas le rodearon en su refugio afgano semanas después de los atentados del 11-S en 2001 y que su salud se resintió por esas caminatas y por sus problemas de riñón debido a la su exposición a las armas químicas empleadas por los rusos en Afganistán. "Bin Laden sufría de baja presión sanguínea y tenía que tomar sal en todas sus comidas", señala la ficha personal secreta de este ex preso y médico del terrorista.

La captura del emir de Al Qaeda ha sido durante una década una auténtica obsesión no solo para EE UU y para sus agentes del FBI, como Randall Bennett, una de las antenas más cualificadas durante años en Islamabad, sino también para países como Arabia Saudí que se sentían amenazados por el terrorista que en sus arengas hablaba una y otra vez de acabar con los "gobiernos árabes corruptos", los mismos que han ido cayendo en los últimos meses por las rebelión de sus jóvenes. Arabia Saudí, que se sentía objetivo prioritario de Bin Laden, propuso unir las fuerzas de seis países distintos para asesinarlo. La propuesta partió del príncipe saudí Turki al Faisal, de 65 años, ex director de los servicios secretos y uno de los hombres que mejor conocía al jefe de Al Qaeda y la realidad afgana, según revelan documentos del Departamento de Estado de EE UU que publicó EL PAÍS. Turki al Faisal, educado en universidades norteamericanas y ex embajador en Reino Unido y EE UU, planteó durante un encuentro con el embajador norteamericano James B. Smith, en febrero de 2010, que Arabia Saudí, EE UU, China, Rusia, Afganistán y Pakistán "podían unir fuerzas y compartir activos para capturar o matar" a Bin Laden y a su escudero, el egipcio Ayman Al Zawahiri. Seis países unidos para capturar a un solo hombre que caminaba apoyado en un bastón y colgaba de su hombro un rifle kalasnikov.

Bin Laden ha muerto, no ha cumplido su objetivo de crear un nuevo califato, aunque sabía que necesitaba décadas para lograrlo, pero sí ha cumplido su sueño de internacionalizar la yihad y extenderla desde los territorios tradicionales de conflicto musulmán como Bosnia, Chechenia, Afganistán, Pakistán, Indonesia, India etc a numerosos confines de la tierra. Ha logrado crear una ideología a la que se han sumado miles de adeptos en todo el planeta que simpatizan con sus propósitos terroristas y ha creado de forma natural y mediante la propaganda del terror un ejercito singular y desestructurado de numerosos grupos asociados a su organización que cuentan con células locales como la que protagonizó el 11-M en Madrid, el 7 J en Londres, los atentados de Bombay, el reciente ataque en Marraquech, o múltiples intentos de acciones terroristas frustradas por las policías y servicios secretos de todo el mundo.

Cuando en 1988 el saudí creó Al Qaeda Al Askariya (la base militar) la integraban solo 15 "hermanos" y, según las anotaciones del secretario, sus militantes debían ser atentos, obedientes, con buenos modales y recomendados por un fuente de confianza. Los muyahidines solteros cobraban 1.000 dólares mensuales y los casados 1.500. En junio de 2001, meses antes del 11-S, Al Qaeda absorbió Al Yihad, la organización egipcia de Al Zawahiri, y se creó Al Qaeda al Yihad, el grupo terrorista que se convirtió en una pesadilla para la mayoría de países occidentales. Entonces, el hombre que aseguraba que la música es "la flauta del diablo" no imaginó que su raquítica organización llegará a alcanzar objetivos tan osados y que llegara a ser tan temida.

Ahora, Al Qaeda atraviesa sus momentos más bajos, no solo por la muerte de Bin Laden sino por la de otros importantes cabecillas que han ido cayendo durante estos diez años de terror y guerra global. Al Zawahiri, el pediatra egipcio, que con solo 15 años creó su primera célula para derrocar al gobierno de su país, se convierte en la nueva pieza de caza mayor a la que dar caza. Se cree que se esconde en la zona tribal de Waziristán Norte, frontera con Afganistán, el nuevo feudo de las huestes de Al Qaeda al que solo llegan los aviones Predator, no tripulados de EE UU. Nadie sabe cuanto tardará en caer este médico al que sus amigos nombraron emir durante una reunión en la orilla del Nilo en la que todos los presentes juraron restaurar el califato.