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Un guardaespaldas, acusado de asesinar a un empresario español en Honduras

Las investigaciones de la policía española han sido claves para aclarar la muerte de García Rubio, desaparecido desde el pasado mayo

Las investigaciones de la policía española han sido claves para localizar en Honduras, en la madrugada del pasado sábado, el cadáver del ciudadano español Ángel García Rubio, de 31 años, que estaba desaparecido desde el pasado 21 de mayo en ese país centroamericano, según fuentes de la policía.

Las pesquisas fueron realizadas por dos agentes de la Sección de Secuestros y Extorsiones de la Brigada central de Delincuencia Especializada y Violenta, que estuvieron en Honduras durante un mes acompañados de un agente de los GEO (Grupo Especial de Operaciones). Estos funcionarios, que ya habían regresado a España en el momento del hallazgo, hicieron un informe que concluía que García Rubio no había sido víctima de un secuestro, sino de un asesinato.

García Rubio, que trabajaba con una empresa distribuidora de pollos asados, había conocido en Madrid en 2002 a Kenia Moreno. Tras casarse con ella, se trasladaron a vivir a Comayagua (Honduras), a unos 80 kilómetros de Tegucigalpa.

El pasado 21 de mayo, García Rubio desapareció sin dejar rastro. Su padre, funcionario del Inserso, residente en Madrid, así como otros familiares, calificaron el caso desde el primer momento de "misterioso" y aseguraron que no había sido víctima de un secuestro, puesto que nadie había exigido el pago de ningún rescate.

Los agentes de la Sección de Secuestros de la policía español llegaron a la conclusión de que la desaparición de García Rubio tenía un móvil económico: tiempo atrás había transferido la titularidad de sus propiedades a unos amigos para evitar así que se las pudiera reclamar su esposa, quien estaba barajando la posibilidad de romper con él porque estaban atravesando una etapa de mala relación.

Los agentes de la Sección de Secuestros Españoles sospecharon que uno de los amigos del desaparecido pudiera estar tras el asunto y llegaron a la conclusión de que había decidido matarle para quedarse con sus bienes. Las investigaciones han confirmado que dicho individuo contrató como sicario a un guardaespaldas, que le dio muerte y enterró su cadáver en una fosa de 50 centímetros de profundidad en una comunidad conocida como Los Palillos, en Villa de San Antonio. El reconocimiento del cuerpo, en avanzado estado de descomposición, fue posible porque la víctima portaba en su dedo anular su anillo matrimonial.

La policía hondureña ha detenido a tres personas por su presunta implicación en el crimen y se incautado de un fusil AK-47, una escopeta y una pistola del calibre 9 milímetros.