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El incendio de Ávila causa un segundo muerto

El fallecido es un operario del despliegue que trabaja para contener el fuego.- Chacón asegura desde el lugar que el viento y el calor dificultan las labores

Las muertes por culpa de un incendio forestal iniciado el sábado de un profesor de instituto de Arenas de San Pedro, el lunes, y de un operario de la Comunidad de Madrid, ayer, han convulsionado a la comarca del Bajo Tiétar, al sur de Ávila. Decenas de focos asolaron durante todo el día este paraje, en la parte meridional de la Sierra de Gredos, y evidenciaron que la situación permanece fuera de control.

Se trata del segundo civil y del noveno miembro de los servicios de extinción de incendios fallecidos este verano en España. Si la muerte del educador Javier de las Heras se debió a que las llamas acorralaron su vivienda con él dentro, la mala suerte protagonizó el siniestro en el que pereció el capataz Juan Carlos Rodríguez Matabuena, que fue aplastado por un vehículo bulldózer (un tractor oruga).

A falta de previsiones oficiales, el alcalde de Arenas de San Pedro, Óscar Tapias, aseguró que son ya 3.000 las hectáreas arrasadas por el fuego. Un número que multiplica por diez las primeras cifras anunciadas por la Junta de Castilla y León, que el lunes estimó que 300 hectáreas habían ardido desde el sábado.

Ayer la ministra de Defensa, Carme Chacón, acudió a Arenas de San Pedro para supervisar las tareas antiincendios. Desde esta localidad, que se ha convertido en el campo base de los 450 bomberos y miembros de protección civil, Chacón destacó que la clave pasaba por "parar la cabeza norte" del fuego. Justo donde se encuentra el Puerto del Pico, con casi 1.500 metros de altura.

La ministra también aseguró que "el viento es cada vez más fuerte y la temperatura sigue subiendo", lo cual amenaza a las zonas que aún no han sido pasto de las llamas. Este fenómeno pudo constatarse con el retorno a sus viviendas de los residentes de pequeños municipios como Mombertrán o Cuevas del Valle, que fueron evacuados anteayer ante la fuerte presencia de humo.

No obstante, el viento trasladó el incendio a Puerto Cabrillas y Puerto Centeneras. El cambio de dirección del fuego provocó que los bomberos trataran de evitar, creando cortafuegos y arrojando agua, que las llamas se uniesen al foco ya existente en la falda del Puerto del Pico. A este lugar sólo podían adentrarse helicópteros, dada su complicada orografía. Los aviones anfibios corrían el riesgo de chocar contra la montaña.

Mientras, la población de las localidades de El Arenal, Hornillos, La Parra o Villa de Mombeltrán se movilizó para ayudar a los equipos antiincendios. "En la tele sólo cuentan a los bomberos, pero no a los voluntarios", protestó una mujer, megáfono en mano, a la entrada del Consistorio de El Arenal. Los vecinos formaban retenes en las zonas ya arrasadas, donde vigilaban decenas de litros de agua para bomberos, voluntarios y vecinos.