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Tres heridos leves al descarrilar un tren del metro de Madrid

El servicio en cinco estaciones ha quedado interrumpido temporalmente. - La compañía achaca el incidente a la avería de una rueda

Un tren de la línea 7 del metro de Madrid ha descarrilado este viernes por la tarde a 200 metros de la estación de Cartagena, lo que ha causado tres heridos de carácter leve, según han informado fuentes de Emergencias Madrid y de la Jefatura Superior de Policía. El servicio entre las estaciones de Pueblo Nuevo y Avenida de América ha quedado suspendido desde las 19.00.

El servicio ha quedado interrumpido hasta que el tren pueda ser colocado de nuevo por una grúa. Tres de los viajeros han resultado heridos de carácter leve como consecuencia de la frenada, con golpes y contusiones en las zonas lumbar y cervical. Uno de ellos ha sido dado de alta en el lugar tras ser atendido por los facultativos del Samur-Protección Civil. Los otros dos también han recibido el alta después de haber sido trasladados a un centro hospitalario para evaluar el carácter de las lesiones sufridas.

El accidente, según fuentes de Metro, se ha producido en un convoy de la moderna serie 9.000 -que entró en servicio el pasado otoño- a causa de un problema en una rueda. Un viajero accionó la alarma al oír un fuerte ruido cuando el metro entraba en la estación.

Fuentes policiales y sindicalistas consultadas por EL PAÍS mantuvieron en todo momento que el convoy descarriló. "He visto con mis propios ojos el eje descarrilado", aseguró Vicente Rodríguez, representante del sindicato de conductores. Para el PSOE, la responsabilidad "exclusiva" de la avería es del Gobierno regional.

Una avería cada tres días

En lo que va de año, Metro de Madrid ha sufrido una avería cada tres días, incidencias que han supuesto molestias graves para los ciudadanos. El pasado jueves día 8, otro tren descarriló, en esa ocasión en la línea 5, en Carabanchel, y provocó heridas leves a 12 personas. El servicio estuvo interrumpido cerca de diez horas. Uno de los motores se había desprendido. Entonces, la consejera de Transportes, Elvira Rodríguez, atribuyó el fallo a que seis de los ocho tornillos que anclaban el motor al tren estaban cortados intencionadamente.

El informe de los técnicos de la Consejería de Transportes, al que ha tenido acceso EL PAÍS, resume la "inspección visual" que hizo Metro de Madrid junto con Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), Bombardier y Siemens, constructoras de los trenes 2.000, y afirma que la avería fue por un "fallo" de los tornillos que sujetaban las carcasas sobre los motores de uno de los coches. De ocho tornillos que debía llevar, faltaban tres, "que han podido desenroscarse a lo largo del tiempo". Eso provocó que el resto sufriera una tensión superior en un 37% a la prevista y que del sobreesfuerzo presentaran "fatiga".

Mientras la Comunidad de Madrid atribuye los fallos en el suburbano al sabotaje, los sindicatos creen que son consecuencia de un mantenimiento insuficiente y de la falta de personal en Metro de Madrid.

"El tren echaba chispas"

"No he pasado más miedo en mi vida". El dominicano Jesús Manuel Herasme reflexiona junto a la estación de Cartagena mientras espera su ambulancia. Le cuesta hablar y lo hace muy bajito y con cara triste. Se toca la espalda, que le duele "mucho". Lo que más recuerda una hora después del suceso es que "el tren echaba chispas".

Entre la confusión, el hombre temió que se tratara "de un atentado" y se acordó de sus hijos. Luego supo que era una avería, aunque otros pasajeros le contaron "que en el metro hay sabotajes", explica mientras se encaja bien la gorra en la cabeza. A todos les tocó esperar entre las dos estaciones "durante media hora" hasta que otro tren llegó para evacuarlos.

Herasme agradece la "buena atención" recibida por la policía y el personal de Metro. Los tres trabajadores del suburbano que han rellenado su parte de incidencias no paran de preguntarle por su espalda y de darle ánimos mientras llega el vehículo del Samur. Pero el susto no se le ha ido del cuerpo. "Todo el mundo gritaba, ha sido horrible", añade antes de partir rumbo al hospital Ramón y Cajal.

La boliviana María Eugenia Ruiz, usuaria habitual de la línea 7, también sufrió contusiones durante el descarrilamiento. Le atiende el Samur junto a la boca de metro precintada y custodiada por agentes de la policía nacional. Se queja de un golpe en la cadera. Tiene el pantalón vaquero roto por la parte interior del muslo. Enseña las fotos que ha hecho con su teléfono móvil, en las que sólo se ve un montón de gente de espaldas dentro del vagón. "¿Ve? Se rompió la unión entre dos vagones y el tren se volcó hacia la izquierda", añade para justificar una imagen que parece tomada con el ángulo torcido.

Los trabajadores del servicio de emergencias le dicen que puede marcharse después de hacerle una revisión. Pero le recomiendan que visite a un médico lo antes posible "por si acaso". María Eugenia se marcha dolorida y "harta". Camina hacia la estación de Avenida de América. No sabe muy bien cómo va a regresar a casa, pero sí que mañana le tocará subir otra vez en la 7.

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