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SUCESO

Tensión en el multitudinario entierro del joven que atracó un estanco en Sevilla

Tras el sepelio, unos cincuenta jóvenes han atacado con botellas la comisaría del distrito Nervión

Varios cientos de personas han asistido este mediodía en Sevilla al entierro del joven M.C.R., de 18 años, que murió ayer tras ser herido de gravedad el martes en un tiroteo con la Guardia Civil tras participar en un atraco a un estanco en Sevilla. En el acto se han vivido momentos de tensión cuando los amigos del joven se han enfrentado con los informadores gráficos.

El coche fúnebre llegó hasta las puertas del cementerio desde el tanatorio acompañado por medio centenar de ciclomotores, conducidos por jóvenes amigos y vecinos del fallecido. Ha sido en ese momento cuando algunos de los asistentes amenazaron a los fotógrafos que cubrían el sepelio a las puertas del cementerio. Un coche de los que acompañaban a los familiares ha llegado a invadir la acera en la que estaban los periodistas.

Tras el entierro, medio centenar de jóvenes han, a los que la policía ha calificado de "conocidos delincuentes", han atacado con botellas la comisaría del distrito Nervión. En el incidente una persona que estaba presentando una denuncia ha resultado herida en un pie. La policía no ha practicado ninguna detención.

Ayer, un grupo de jóvenes atacó con piedras un coche de bomberos que accedió al barrio de Amate, donde se registraron varios incendios, como el de un coche abandonado y varios contenedores de basura, en protesta por la muerte del joven.

La polémica arranca desde el pasado martes cuando, tras efectuar un atraco en un estanco del sevillano barrio de Amate junto a otros tres jóvenes, que portaban machetes y una pistola de fogueo, M.C.R. sufrió dos heridas de bala en el transcurso de la huida, mientras era perseguido por dos agentes de paisano que casualmente inspeccionaban el estanco en el momento del atraco.

La Guardia Civil, por su parte, ha abierto expediente informativo a los dos agentes. Estos no serán suspendidos en sus funciones, pues sus superiores consideran que usaron sus armas para defender sus vidas, ya que no podían saber que los cuatro disparos que lanzó en su dirección el joven eran en realidad salvas de fogueo.