Opinión
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La hora de la formación universitaria dual

Es necesaria voluntad política y modificación del marco legal a nivel estatal y un contrato específico que se adapte a la naturaleza de la formación dual universitaria y ofrezca seguridad jurídica a las empresas

Josep M. Vilalta
Aulas de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona).
Aulas de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona).

La formación universitaria en España, tradicionalmente muy estructurada y con patrones relativamente rígidos y uniformes, se va a diversificar en gran medida en los próximos años. De hecho, ya viene siendo así. Curso a curso, año a año, observamos como las universidades desarrollan nuevos formatos, con ofertas docentes innovadoras, potenciando sobre todo la formación continua. En esta línea, la educación superior se moverá crecientemente hacia formatos más flexibles, híbridos y personalizados. El contexto social, económico y tecnológico actual, mucho más complejo y cambiante que el de la época industrial tradicional, requiere pensar en nuevas profesiones, nuevos saberes y tecnologías; asimismo, en competencias transversales de gestión, ética profesional y todo lo relacionado con la creatividad, la innovación y la transversalidad.

En este contexto, se va abriendo camino tímidamente la formación universitaria dual en nuestro país. Lo hace principalmente con la orientación de aunar empresas/instituciones y universidades, de favorecer un modelo formativo híbrido entre los conocimientos académicos y los conocimientos prácticos vinculados a una profesión o ámbito laboral.

La formación universitaria dual en España, aún en fase incipiente, bebe de realidades más consolidadas. Citaré tres: 1) las experiencias de otros contextos y países, con sistemas de educación superior dual consolidados, como son los casos de Alemania y Francia (donde incluso encontramos universidades enteramente organizadas con estudios duales); 2) la formación profesional dual, sea en países donde se encuentra también muy desarrollada, sea la FP española donde se ha hecho camino en los últimos años; 3) en la modalidad de los denominados doctorados industriales, con experiencias exitosas en países europeos (Francia, Dinamarca) y con un empuje muy interesante en Cataluña en los últimos años con el programa de doctorados industriales.

Los principios de la formación dual son claros: reconocer un único tiempo de formación, pensado y construido conjuntamente entre universidad y empresa (y materializado en un entorno de formación académico y en un entorno formativo profesional); un pilotaje coherente, estructurado y organizado entre universidad y empresa/institución; el acompañamiento y la doble tutorización (tutor académico y tutor profesional en la empresa); un contrato de trabajo para la formación (específico para la formación dual como aprendiz); y un reconocimiento formal que sanciona el conjunto de sus competencias profesionales, y no solo sus capacidades técnicas, con el reconocimiento explícito en el diploma oficial de la titulación.

En este sentido, son también evidentes los beneficios de la formación dual. Por una parte, la profesionalización, ya que el aprendiz adquiere los conocimientos teórico prácticos, así como el compromiso, la responsabilidad, la ética profesional y la autonomía que configuran su identidad profesional. La motivación, asimismo, es alta por parte de todos los actores (empresas, universidades y sin duda el propio estudiante). Finalmente, la aparición de nuevos roles profesionales y el reciclaje profesional tanto en la empresa como en la universidad.

A pesar de todas estas virtudes y valores de la formación (universitaria) dual, el recorrido hasta hoy en España ha sido corto y no exento de dificultades. Las inercias pesan, las mentalidades y culturas corporativas no son fáciles de cambiar, los incentivos no la favorecen. Pero, a pesar de todo ello, creo que el camino se va desbrozando y estoy convencido de que veremos una expansión progresiva del modelo universitario dual. El pionero ha sido el País Vasco, a partir de una dilatada tradición industrial. En Cataluña se ha desarrollado con cierto ímpetu tanto la formación profesional dual como un ambicioso programa de doctorados industriales, con resultados muy meritorios. Y en estos últimos años se han puesto en marcha distintas iniciativas. La Universitat de Lleida ha liderado el desarrollo de la formación dual en la propia institución. También la Asociación Catalana de Universidades Públicas (que agrupa las ocho universidades públicas catalanas) y su proyecto denominado Plataforma Conocimiento, Territorio e Innovación (donde trabajan mancomunadamente las universidades, las patronales y las instituciones públicas), están construyendo cimientos y aunando esfuerzos para su desarrollo. Finalmente, la Agencia Catalana para la Calidad del Sistema Universitario de Cataluña ha elaborado un documento para su verificación e implantación.

Necesitamos voluntad política y modificación del marco legal a nivel estatal, una mejor alianza entre empresas, universidades e instituciones, reconocimiento social, mayores grados de flexibilidad curricular y un contrato específico que se adapte a la naturaleza de la formación dual universitaria y ofrezca seguridad jurídica a las empresas. Hagámoslo realidad: es una apuesta estratégica para una formación de calidad y clave para el presente y el futuro.

Josep M. Vilalta es miembro de la Asociación Catalana de Universidades Públicas y experto en políticas educativas.

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