Seis semanas, la tregua del BCE
De aquí a junio, en ausencia de una solución al bloqueo del estrecho de Ormuz, el BCE tendrá que tomar decisiones

El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo el pasado jueves los tipos de interés sin cambios en la zona euro en una semana donde la situación en Oriente Próximo se ha recrudecido y el petróleo tipo brent —de referencia en Europa— vuelve a la zona de 120 dólares por barril. Sin señales de acercamiento entre Estados Unidos e Irán, el mero paso del tiempo es una mala noticia, porque mantiene cerrado el estrecho de Ormuz y alimenta los problemas en las cadenas de suministro. El organismo monetario presidido por Christine Lagarde nos emplaza a junio, cuando habrá más datos, esperando que por entonces tengamos buenas noticias sobre la apertura del estrecho. Otros bancos centrales han hecho lo propio.
Hay varios elementos de la comunicación del BCE que interesa rescatar. Primero, al constatar lo obvio, que los riesgos han aumentado, lo hace con un mensaje muy bien balanceado. No sólo apunta que los riesgos (al alza) sobre la inflación han aumentado, sino que, a la vez, aquellos sobre el crecimiento también lo han hecho, pero en dirección contraria. De aquí a junio, a menos que se produzcan novedades positivas, este balance de riesgos se podrá intensificar.
Segundo, acerca del famoso riesgo de un escenario de estanflación, la presidenta Lagarde negó la mayor, subrayando que las inercias inflacionistas de los años 70 y el impacto sobre el desempleo fueron entonces mucho mayores y duraderos. No es la primera vez que lo hace, no estamos ahí y hay lecciones aprendidas y, sobre todo, el BCE traslada un compromiso tajante con el objetivo de inflación, así es que si la cosa se pone fea, no habrá mucho dilema.
Tercero, hay espíritu de contención dentro del seno del BCE, pese a que es evidente que hay presión interna para subir tipos. Lagarde lo reconoció, al describir un entorno donde la inflación vuelve al 3%, la subyacente está ligeramente por encima del 2%, y los precios del crudo y otras materias primas siguen muy elevados, con crecientes presiones en otros insumos en las cadenas de suministro. El debate está ahí, aunque se quiere evitar el “error tipo 2011” (subir, equivocarse, y tener que rectificar). No hay necesidad de precipitarse, no hay por ahora ninguna señal de alarma.
Esta contención, y aquí el cuarto y último elemento a destacar, es en buena medida fruto del consenso que la presidenta ha tejido. Este es un buen activo en la actual coyuntura y del que no gozan precisamente otros bancos centrales.
Dicho todo esto, ya hay evidencia de que la inflación y el crecimiento se están alejando (en direcciones opuestas) del escenario central dibujado en marzo. De aquí a junio, en ausencia de una solución al bloqueo del estrecho, esta brecha se irá ampliando y el BCE tendrá que tomar decisiones. Y ahí, está claro que la inflación primará sobre el crecimiento.


























































