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Así es la pelea a cara de perro entre las grandes farmacéuticas para liderar la carrera contra la obesidad

Un centenar de compañías en todo el mundo proponen nuevos medicamentos para combatir el sobrepeso, un negocio milmillonario. Ozempic, de Novo Nordisk, es el más famoso, pero no el único

Dos mujeres pasean por el centro de Edmonton, en Alberta (Canadá).
Dos mujeres pasean por el centro de Edmonton, en Alberta (Canadá).Artur Widak (NurPhoto/Getty Imagages)
Miguel Ángel García Vega

Los nuevos medicamentos contra la obesidad han abierto una ventana de esperanza para millones de personas con sobrepeso y, por qué no decirlo, también un inmenso negocio. Ozempic, de Novo Nordisk, es el fármaco más conocido, pero supone solo la punta de un iceberg que crece por minutos. Un puñado de rivales aspiran al trono de la empresa danesa en este campo. Con estas nuevas terapias solo se requiere una inyección cada siete días y se pierde un 15% del peso en 68 semanas con unos efectos secundarios tolerables. Hasta ahora, el único tratamiento de verdad efectivo era la cirugía bariátrica, la cual resulta arriesgada.

Estos nuevos medicamentos, conocidos como “agonistas del receptor GLP-1″ (péptido similar al glucagón-1), actúan sobre diversas hormonas intestinales que hacen sentirse más lleno, porque los alimentos permanecen mayor tiempo en el estómago (ralentizan el vaciado gástrico) de la persona, y, a la vez, estimulan la liberación de insulina del páncreas, lo que en conjunto reduce la ingesta de alimentos.

Detrás de este encaje biológico descansa la posibilidad de enormes beneficios para algunas farmacéuticas y, también, la esperanza. Cada año mueren cinco millones de seres humanos por enfermedades relacionadas con la obesidad. Esta patología afectará a unos 1.000 millones de personas en 2030. Solamente en Estados Unidos las pérdidas económicas, según la Universidad de Cornell, por bajas debidas a este problema médico, suman 30.000 millones de dólares (unos 27.700 millones de euros) anuales. Y la OCDE calcula que esta epidemia costará a cada nación, por término medio, el 1,6% de su PIB entre 2020 y 2050.

En esta carrera hacia lo liviano, la farmacéutica danesa Novo Nordisk se ha convertido —narra Capital Markets— en el primer vendedor de medicamentos para perder peso. Sin ruido, es la compañía más valiosa (384.544 millones de euros) de Europa, superando al grupo de lujo LVMH. Las acciones de la firma que produce los populares Ozempic y Wegovy suben casi un 50% en el último año. Las previsiones de ventas de Barclays sobre Wegoy alcanzan este ejercicio los 7.300 millones de dólares (6.800 millones de euros), y Ozempic, diseñado contra la diabetes, pero prescrito a menudo para el sobrepeso, llegará a 16.500 millones (15.200 millones de euros).

Conviene, sin embargo, pausar el entusiasmo. “Aunque los GLP-1 y las empresas que los producen han suscitado un gran interés entre los inversores, todavía estamos en las primeras fases de un largo recorrido hasta alcanzar el potencial de estos fármacos”, reflexiona Steve Smith, director de Inversiones de Capital Group. “Uno de los porqués es el tamaño del mercado. En 2022 se recetaron medicamentos GLP-1 a unos nueve millones de personas en Estados Unidos, frente a una población mundial con obesidad de más de 1.000 millones”. Otro desafío es la oferta. Se administran en inyecciones semanales, lo que está provocando cuellos de botella en la demanda. Novo Nordisk respondió adquiriendo en febrero pasado tres plantas (Italia, Bélgica y Estados Unidos) de fabricación por 11.000 millones de dólares (10.150 millones euros). Aceleran porque existen otras firmas trabajando en una nueva generación de pequeñas moléculas de GLP-1 que deberían ser más eficaces. Sin pausa, Amgen, Viking Therapeutics y AstraZeneca también buscan el Santo Grial de la delgadez.

Tanta velocidad únicamente frena por el compromiso moral. Novo Nordisk sostiene que no dejará, aunque sea menos rentable, de producir insulina. Pero todo resulta tan incipiente —falta, por ejemplo, un estudio de los efectos a largo plazo de estos fármacos—, que las finanzas tienen dudas. “Las farmacéuticas de hallazgos de medicamentos no encajan en nuestro paradigma de inversión de crecimiento de calidad en el tiempo, puesto que un fármaco superventas difícilmente es un modelo de negocio duradero”, advierten en la gestora Vontobel.

Por ahora solo se han aprobado tres medicamentos GLP-1 para tratar personas obesas o con sobrepeso: liraglutida y semaglutida (Wegovy y Ozempic), desarrollados por Novo; y tirzepatida (Zepbound), a cargo del gigante estadounidense Eli Lilly. Desde luego, casan los números. En lo que va de año ha subido en el parqué un 29,9%. Una cornucopia médica. Bloomberg ha rastreado al menos un centenar de empresas trabajando en estos fármacos. “Aunque existen oportunidades enormes, la competencia resulta feroz, y la regulación, desafiante”, corrobora Sergio Ávila, analista de IG. Y matiza: “El éxito dependerá de cómo estas compañías gestionen el desarrollo y la comercialización”.

Porque el negocio también tiene fisuras al igual que una cota de malla. “Para salvar las patentes, algunas farmacéuticas alteran la molécula un poco y lo registran como un medicamento nuevo”, relata Javier Aledo, experto de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Un atajo al tesoro. Goldman Sachs pronostica que este mercado GLP-1 puede generar 100.000 millones de dólares (92.200 millones de euros) y The Economist lo estira a 150.000 millones en 2031. Pues, hasta ahora, únicamente entre el 1% y el 2% de los estadounidenses utilizan estos medicamentos. Y teniendo la mayor tasa (42%) de obesos del planeta, junto con México y Corea, parecen los grandes beneficiados y los grandes clientes.

A largo plazo, atravesado el océano, si estos fármacos funcionan, pueden mejorar las cuentas de la Unión Europea y su índice de obesidad del 17%. “En los países con un sistema sanitario sobre todo público, el ahorro que suponen estos tratamientos podría utilizarse para aliviar la situación fiscal”, aconsejan en Capital Economics. Además, se logran —argumentan— crecimientos revolucionarios del PIB a través de una mayor productividad y poblaciones más sanas.

Estos son vientos del futuro, en el presente pocos dudan de que traen esperanza. Otro fármaco para bajar peso, la survodutida (un nuevo agonista dual de los receptores de glucagón/GLP-1), inventado por la farmacéutica alemana Boehringer Ingelheim, junto con la danesa Zealand Pharma, “demostró su eficacia en personas con obesidad y tiene potencial” —sostienen fuentes de la compañía germana— “para convertirse en el mejor tratamiento de su clase pensando en 115 millones de personas” que padecen esteatohepatitis asociada a la disfunción metabólica, la cual, según las previsiones, será la principal causa de trasplante de hígado en 2030, lo que supondrá una importante carga financiera para los sistemas sanitarios.

Al unísono, dos firmas americanas, Regeneron y BioAge (ambas declinaron participar en el reportaje), trabajan en uno de los efectos secundarios de estos medicamentos: la pérdida de masa corporal magra. Y más allá, donde la esperanza se vuelve verda­dera urgencia, estos fármacos GLP-1 también podrían tratar enfermedades como el alzhéimer y el párkinson, en las que el cerebro se inflama. “Ya existen ensayos en fase 3, y quizás en 2025 conozcamos los resultados”, zanja Daniel Drucker, experto en endocrinología del Hospital Monte Sinaí de Toronto.

El grueso coste de adelgazar

El coste de los fármacos GLP-1 resulta muy elevado y el tratamiento, hoy, dura toda la vida. Y eso mezcla mucha voluntad y dinero. “Porque las pruebas sugieren que las personas vuelven a sus viejos hábitos alimenticios y su peso una vez dejan de tomar el fármaco”, advierte Stephen Freedman, director de análisis de sostenibilidad en Pictet AM. La receta es alta. Wegovy cuesta 1.300 dólares (1.200 euros al mes) y Ozempic unos 900 (830 euros). Ambos los fabrica la farmacéutica danesa Novo Nordisk. Y su consejero delegado, Lars Fruergaard Jørgensen, proponía en una entrevista con Financial Times precios flexibles para los sistemas sanitarios. 


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Sobre la firma

Miguel Ángel García Vega
Lleva unos 25 años escribiendo en EL PAÍS, actualmente para Cultura, Negocios, El País Semanal, Retina, Suplementos Especiales e Ideas. Sus textos han sido republicados por La Nación (Argentina), La Tercera (Chile) o Le Monde (Francia). Ha recibido, entre otros, los premios AECOC, Accenture, Antonio Moreno Espejo (CNMV) y Ciudad de Badajoz.
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