teletrabajo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los efectos de una economía de andar por casa

El impacto del teletrabajo como motor de la inflación en Estados Unidos empieza a desaparecer

Edificio de apartamentos en alquiler en San Francisco.
Edificio de apartamentos en alquiler en San Francisco.Justin Sullivan (Getty Images)

Escribo esta columna como la mayoría de mis escritos: en casa, con un ordenador portátil (montado sobre un soporte en la mesa de la cocina y con un teclado conectado por Bluetooth). Llevo mucho tiempo trabajando así; ni mi trabajo periodístico ni mi trabajo académico requieren que esté en el despacho todo el día todos los días. Pero antes mi manera de trabajar era excepcional.

Ya no. El teletrabajo se disparó durante la pandemia, y si bien algunos trabajadores están volviendo a la oficina, parece probable que mucha gente siga realizando sus tareas desde casa al menos parte del tiempo. Es verdad que la mayoría no puede hacerlo, pero los que sí pueden son una minoría significativa, y cobran más por término medio que los que no pueden, así que tienen un efecto desproporcionado en los mercados.

Una de las cosas que los teletrabajadores han estado haciendo con sus ingresos es comprar o alquilar casas más grandes. Si uno va a trabajar desde casa, seguramente querrá más espacio para expandirse. Además, si va a pasar más tiempo en casa, es posible que quiera más casa para pasar su tiempo.

El aumento del trabajo a distancia seguramente sea la causa principal de que los precios de los pisos de alquiler hayan subido en los últimos años. La subida de los alquileres en 2021-2022 fue bastante espectacular, con tasas de aumento de dos dígitos durante alrededor de un año y medio. Pero últimamente se ha estabilizado. De hecho, el índice de alquileres de Zillow cayó en octubre. Otros indicadores privados, como los que publican Realtor.com y Apartmentlist.com, llevan dos o tres meses señalando descensos. Son buenas noticias para los arrendatarios. Y también podrían serlo para la lucha contra la inflación.

En las primeras fases de la subida de los precios de 2021-2022, algunos economistas —yo entre ellos, pero también muchos otros, como los del influyente departamento de investigación del Banco de Pagos Internacionales— pensaban que se trataba en gran medida de un problema transitorio relacionado con los atascos en los envíos.

La pandemia provocó un gran cambio en la demanda, que se desplazó de los servicios a los bienes, y la tensión en las cadenas de suministro significó que variables como los costes de envío se pusieran por las nubes. Al final, pensábamos, los atascos se reducirían y los costes bajarían. Y así fue.

Sin embargo, la inflación general siguió siendo alta incluso cuando la de los bienes bajó, debido a que otros precios empezaron a subir rápidamente. Lo más importante es que los índices oficiales de los alquileres iniciaron una rápida marcha ascendente.

Pero, un momento: muchos estadounidenses son propietarios de su casa, no arrendatarios. ¿Por qué tienen tanta importancia los alquileres? La respuesta es que las mediciones oficiales del coste de la vivienda consideran a los propietarios como si fueran sus propios inquilinos, y calculan un “alquiler equivalente del propietario” basado en los precios de mercado. Los alquileres reales sumados a estos otros “imputados” representan más del 30% del IPC y casi el 40% del llamado índice básico, que excluye los alimentos y la energía.

Así pues, la subida de las rentas ha sido uno de los factores decisivos para la persistencia de la inflación elevada, lo cual llevó a muchos economistas (de nuevo yo entre ellos) a abandonar la idea de que el alza de los precios era transitoria.

Pero ahora los alquileres se han estabilizado, y hasta podrían estar bajando. De hecho, su aumento está empezando a parecerse a otra historia de cuellos de botella, en la que las grandes subidas de precios estuvieron impulsadas por un cambo repentino en la composición de las compras de la gente, y no por un gran exceso de demanda. Y ahora el atasco se está reduciendo, ya que, de momento, el teletrabajo ha seguido su curso natural, y nuevas unidades de alquiler empiezan a estar disponibles.

No quiero dar excesiva importancia al argumento del cuello de botella. Seguramente es verdad que tenemos una economía sobrecalentada que podría sufrir problemas de inflación incluso sin estrangulamientos en sectores específicos. Pero, actualmente, gran parte de la inflación reciente parece más transitoria de lo que muchos economistas sostenían hace tan solo unos meses.

En todo caso, la cuestión es la siguiente: la relajación de la inflación de los alquileres todavía no ha empezado a aparecer en las estadísticas oficiales de precios. Esto se debe a que estas estadísticas reflejan el alquiler medio que paga la gente, en el que dominan las personas que ya tenían un contrato, en vez del que pagan los nuevos inquilinos, que es lo que miden fuentes como Zillow. No es un defecto de los datos, que están pensados para medir el coste medio de la vida, y no las novedades recientes, pero significa que las medidas normales de la inflación van muy rezagadas con respecto a un panorama económico en rápido cambio.

Aunque las cifras oficiales seguramente sobreestimen la persistencia de la inflación, no estoy en condiciones de decir que el problema se haya terminado. No obstante, cabe pensar que el alza de los precios es más manejable ahora que hace no mucho.

Una parte importante de lo ocurrido parece ser un asunto de economía “de cocina”, no en el sentido del tópico político, sino de que había muchos más estadounidenses que, como yo, trabajaban en la mesa de la cocina y pedían cocinas y mesas más grandes. Y la buena noticia es que, al menos como motor de la inflación, este efecto empieza a desaparecer.

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